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El reto de la escuela rural. Hacer visible lo invisible

Autoría:

Esther Díaz Romanillos, maestra en educación primaria

Reseña de libro

TÍTULO El reto de la escuela rural. Hacer visible lo invisible
AUTORÍA Abós Olivares, P., Boix Tomas, R., Domingo Peñafiel, L., Lorenzo Lacruz, J. y Rubio Terrado, P.
EDITORIAL Graó, Barcelona, 220 páginas
AÑO 2021

 

En los últimos años la cuestión de lo rural ha tomado posición en los debates actuales, en los que a menudo se habla de la España vaciada o de la despoblación rural como una crisis del territorio. No obstante, aunque el medio rural esté tomando visibilidad, la escuela rural no está experimentando el mismo fenómeno, pues históricamente ha sido una institución que ha sido silenciada. El propósito del libro se podría decir que es precisamente este, como bien su título señala: hacer visible lo invisible. Dar voz a la escuela rural, que se la conozca y reconozca.

Los autores y autoras son, en su mayoría, docentes de universidad y compaginan su actividad docente con la investigación desde diferentes ámbitos. Pilar Abós Olivares, doctora en Ciencias de la Educación y Juan Lorenzo Lacruz, profesor ayudante doctor pertenecen a la Universidad de Zaragoza, al igual que Pascual Rubio Terrado, doctor en geografía. Por su lado, Roser Boix Tomas, doctora en Ciencias de la Educación, ejerce la docencia en la Universidad de Barcelona, mientras que Laura Domingo Peñafiel, doctora en Pedagogía, lo hace desde la Universidad de Vic. Gracias a la multidisciplinariedad que define a este equipo así como su trabajo colaborativo, ha sido posible sacar la luz un libro como el que tenemos entre manos; una obra que supone un referente actual necesario sobre el que además de acercarnos a la escuela rural y comprender su idiosincrasia, nos invita a caminar por nuevos caminos de reflexión en torno a este tema.

En cuanto a su estructura, el libro se divide en seis capítulos, tratando cada uno de ellos un aspecto concreto sobre el que reflexionar acerca de la escuela rural. Cada capítulo, asimismo, contiene al final una experiencia relacionada con el tema del capítulo en concreto, aportando desde una visión más práctica aquello expuesto durante su desarrollo.

En el primer capítulo el autor nos establece una base sobre la que asentar el resto de reflexiones y cuestiones en torno a la escuela en este entorno concreto, y es el planteamiento de la pregunta de qué es lo rural. Esta pregunta, aunque en primera instancia puede parecer algo descontextualizada de lo pedagógico, que es lo que atañe al libro, supone la concepción de que la escuela no es independiente a las características del territorio en el que se enmarca y en el caso del medio rural, la escuela supone un elemento de desarrollo territorial. Así, el capítulo pretende abrir la mirada hacia la complejidad que supone el territorio además de la delimitación de una definición de lo rural, siendo una realidad como indica el autor “caleidoscópica”. Otro aspecto a destacar de este capítulo es el concepto de espacio vivido como forma de sentir y experimentar un territorio y la escuela que se encuentra en él, esa forma de simbólica interiorizar y vivir el territorio y para ello el autor se apoya de otros que han definido dicho concepto. Este aspecto supone de vital importancia porque de él derivan otras cuestiones que suponen retos para la escuela rural tales como la autoestima en torno al territorio rural, la identidad rural, el sentido de pertenencia, etc. La escuela en este sentido ha de actuar como puente hacia el espacio vivido, como facilitadora de experiencias que permitan al alumnado acercarse a su entorno para así estructurar y aportar de significado y valor a su territorio.

El segundo capítulo pone el foco en la labor de los maestros y maestras y la construcción de la identidad profesional docente en el entorno rural. De este modo, los autores afirman que la identidad docente supone un proceso interpretativo y que se construye individual y colectivamente mediante sinergias entre el medio y el profesional. El problema que surge es que a pesar de que esta identidad docente se construye desde el inicio del desarrollo profesional, es decir, desde la formación inicial docente, no existe un modelo de formación inicial universitaria específica para considerar las singularidades de la identidad docente rural y su desarrollo profesional. Los autores defienden que es por ello por lo que en muchas ocasiones la creación de esta identidad es incompleta, alegando que existe un modelo urbanocéntrico en la formación inicial y defienden la necesidad de implementar planes de formación inicial que aporten competencias específicas del entorno rural en materia pedagógica y territorial.

El tercer capítulo trata sobre una de las características por las que en ocasiones se define a la escuela rural: la multigraduación, es decir, aquella aula en la que se encuentra y se relaciona alumnado heterogéneo en cuanto a edad y grado. Durante el capítulo, se define el aula multigrado y se expone su transcendencia en el proceso educativo, viéndose como una oportunidad en lugar de una simple consecuencia o característica impuesta debido a motivos estructurales (o a alumnado matriculado). Además, se menciona la comparación respecto a los resultados académicos entre la escuela monogrado y multigrado que aparecen en PISA, contextualizando y aportando datos que explican por qué la escuela rural obtiene resultados más bajos por la brecha socioeconómica y cultural que existe entre los entornos urbanos y rurales y no por su estructura multigrado.

En el capítulo siguiente, el cuarto, se tratan y se exponen las características que poseen en los modelos educativos en territorios rurales históricamente y en la actualidad, así como las formas de gobernanza, de gestión, de organización y de participación escolar. De manera análoga se defiende la necesidad del establecimiento de un modelo de liderazgo pedagógico que fomente una acción conjunta de la escuela con el territorio, que sea sostenible en el tiempo y que esté fundamentada en la cultura democrática.

El quinto capítulo se ocupa de exponer el valor pedagógico que el territorio y la cultura rural posee y puede ofrecer, teniendo una estrecha relación con el primer capítulo de este libro, que trata precisamente del territorio y de las relaciones que tiene con la escuela en el entorno rural. Asimismo, se pone énfasis en la función que tiene la comunidad rural y los proyectos educativos ligados a ella. La escuela, podríamos decir en este sentido, que es generadora de capital social y configuradora de la identidad rural.

El sexto y último capítulo nos ofrece una mirada hacia el futuro de la escuela real, planteando retos, convicciones, posibilidades y objetivos que siempre desde una identidad propia vinculada a la riqueza del territorio donde se encuentre, plantea la defensa de estos modelos educativos que tienen como seña de identidad la equidad, la inclusión, la justicia social y la vinculación y el reconocimiento de lo rural.