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Número34
junio/2022

La Educación Social acompañando a las infancias

La Educación Social, en sus diferentes configuraciones (educación especializada, de adultos, animación comunitaria, sociocultural, popular…) y en las diferentes nomenclaturas históricas que han asumido sus profesionales (vigilantes, cuidadores y cuidadoras, veladores y veladoras, celadores y celadoras, monitores y monitoras, educadores y educadoras, animadores y animadoras…), ha estado siempre ligada al acompañamiento del momento biográfico y social que engloba la infancia. Y aún hoy en día, un elevado número de educadoras y educadores sociales desempeñan su encargo profesional con la infancia. Inicialmente, en términos históricos, esta dedicación empezó en espacios institucionales difícilmente identificables como de reconocimiento y respeto (protección y corrección de la infancia, sobre todo durante el franquismo en nuestro país), ampliando después perfiles de acompañamiento socioeducativo desde el trabajo comunitario, el tiempo libre, la salud, la cooperación internacional, los colectivos de personas recién llegadas, la diversidad funcional, la colaboración con la escuela (centros abiertos) y hasta, últimamente, dentro de la escuela misma, etc. cubriendo un corolario de infancias cada vez más amplio.

El momento actual plantea toda una serie de retos derivados del cambio de época que nos está tocando vivir, con las dificultades de adaptación a una realidad en la que la transmisión es cada vez menos intergeneracional (cuestionando así el lugar de la educación) y más entre iguales. El lugar de la infancia, en este panorama, es central. Las nuevas tecnologías, y sobre todo la comunicación instantánea que internet y la redes sociales posibilitan, están relacionadas con ello. Y con una difuminación de las certezas que pierden valor y se sustituyen por la emoción y la percepción individual, en una carrera en la que la “no verdad” y las “fakes” (la mentira) dominan un escenario donde la libertad ha devenido un acto puramente individual, sin referentes ni contrapesos éticos ni sociales.

Los retos de nuestra acción con las infancias, como educadoras y educadores sociales, pasan ahora por el desarrollo de modelos y sistemas que contemplen esta etapa como una más de la ciudadanía y que estén basados integralmente en derechos y no en posiciones tutelarizadoras o paternalistas de los adultos.

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Número34
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