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Centro Juvenil Salesiano Áncora: un proyecto de intervención socioeducativa y formativa con infancia y juventud

Salesiano Áncora Youth Center: a project of socio-educational and training intervention with children and youth

Autoría:

José Santiago Álvarez Muñoz y Mª Ángeles Hernández Prados, Universidad de Murcia

Resumen

Vivimos en una sociedad en la que prima el individualismo y una considerable crisis del esfuerzo y la participación social, pero en la que paradójicamente convergen iniciativas solidarias. En este sentido, el Centro Juvenil Áncora, vinculado al movimiento juvenil salesiano, enfatiza el desarrollo de proyectos de intervención socioeducativa para lograr la creación de órganos de movilización social que permita el desarrollo integral dentro de la infancia y la adolescencia. Este artículo repasa brevemente el nacimiento, evolución y gestión de las acciones educativas del Centro Juvenil Áncora nacido en 1989, en el que han participado desde entonces miles personas entre alumnos, padres, monitores y coordinadores. Así mismo, se da a conocer las principales características del centro, sus objetivos, funcionamiento y principales líneas de intervención, y se ofrece una visión general del asociacionismo juvenil en la atención educativa al ocio y tiempo libre, considerando las propuestas ofertadas por el centro como una alternativa al modelo sedentario e individualista que se fomenta desde una sociedad altamente tecnologizada. Este centro situado en el municipio de Cartagena se desarrolla a través de talleres dinámicos-participativos y su éxito, aunque también su posible talón de Aquiles, radica en contemplar la necesidad de motivación de todos agentes implicados.

Abstract

We live in a society which takes precedence the self-interest and a considerable social participation and effort´s crisis but in which paradoxically appears supportive initiatives. In this sense, the “Centro Juvenil Áncora”, connected to the youth Salesian movement, emphasize the development of projects of social and educational intervention to reach the creation of bodies of social mobilization that allow the integral development. This article looks over briefly the birth, evolution and paperwork of the educational actions of “Centro Juvenil Áncora”, created in 1989 with thousands of people such as students, parents and volunteers who have joined since then. Furthermore, it shows the main characteristics of the center, its aims, operation and principal lines of research, and it offers a general vision of the youth movement in associations in the educational attention to leisure and free time, taking into account the proposals offered by the center as an alternative to the sedentary and individualist model that it is being encouraged from a highly technological society. This center placed in Cartagena is developed through dynamic and participative workshops and its success, although it could also be its possible Aquiles´s heel, lies in contemplating the need of motivation of all the agents implicated.

1. Introducción

No cabe duda del protagonismo que el análisis, la implementación y la evaluación constituyen para la investigación. Esto ha derivado en una vorágine de datos, proliferando el lenguaje numérico como vía para interpretar y describir la realidad de lo que acontece. Sin ánimo de demonizar, lo que consideramos una praxis que aporta un conocimiento clarificador, se han rescatado algunas referencias que constituyen un claro reflejo de esta tendencia (Cárcamo, Méndez y Rebolledo, 2009; Guanipa, 2011). Destaca la aportación de Igartua (2012) que señala la investigación cuantitativa como el modo de investigación que más presente está dentro del campo de conocimiento de la comunicación.

En medio de este panorama, resurgen voces que reivindican no solo la convivencia entre formas de conocer cuantitativas y otras cualitativas con un marcado estilo narrativo derivadas especialmente del uso de técnicas antropológicas, sino también la idoneidad de combinar las mismas. Dicha realidad se manifiesta en el uso de técnicas mixtas como los estudios de casos explicativos-descriptivos o la triangulación analítica (Pereira, 2011).

A lo largo de la historia de la educación, se han recopilado narrativas biográficas de experiencias docentes. Sirva a modo de ejemplo la acción innovadora llevada a cabo por María Sánchez Arbor durante la primera mitad del siglo XX, la cual fue una de las grandes representantes del Instituto Libre de Enseñanza (Araque, 2007). Este tipo de obras presentan un valor histórico, social y educativo inigualable, pero sobre todo recogen el testimonio vital de una persona implicada con la institución educativa del momento, sus inquietudes, miedos, dificultades, así como sus estrategias de afrontamiento, logros y expectativas. Se trata de auténticos diarios de campo, que aporta una interpretación del día a día del docente. Para la comprensión de las realidades se hace necesario el conocimiento de los acontecimientos desde la perspectiva del sujeto que participa o dirige las experiencias, a partir de ello se podrá lograr la construcción de elaboraciones teórico-prácticas que permite un acercamiento al conocimiento verdadero (Delgado, 2008).

Sin embargo, estas prácticas frecuentes en los inicios de la escuela y un plano predominantemente de lo formal, no ha sido imitado por otras instituciones educativas que a modo de asociaciones se han ido forjando en los últimos años con su propia identidad, especialmente con la finalidad de dar cobertura a la diversificación de aspectos educativos que no han sido o han sido parcialmente atendidos por los centros escolares. Basta con realizar una búsqueda de artículos centrados en describir la realidad de asociaciones educativas en el contexto español, para darnos cuenta de la escasez de los mismos. Somos testigos de una realidad que presenta una creciente demanda de los servicios que aportan este grupo, pero la partida presupuestaria que se destina a este tipo de proyectos es cada vez menor (Conde, 2012).

Creemos que la lejanía de las asociaciones del contexto científico-universitario puede ser uno de los factores de causa, pero sin lugar a dudas, la mercantilización del bienestar social ha contribuido a la privatización de la labor educativa desempeñada en el ámbito no formal, despertando el miedo a la divulgación de las experiencias realizadas por temor a ser imitadas. La expansión y generalización de la acción educativa deseable en un principio, se está viendo cuestionada, especialmente cuando no es dentro del marco de la misma entidad.

Sin embargo, desde este espacio reivindicamos la descripción y difusión tanto de los principios pedagógicos, de los aspectos organizativos, de los proyectos de intervención que se desarrollan en el interior de las asociaciones y del papel que desempeñan los profesionales y el voluntariado. Es así, como poco a poco se va otorgando, del mismo modo, relevancia no solo a la representatividad de los datos de una muestra cada vez más elevada, en los cuales la identidad acaba siendo absorbida por la multitud, sino también a los estudios de caso único. Éstos constituyen una de las estrategias metodológicas de investigación científica más valiosas que permite el estudio de las particularidades y características de un caso concreto con el fin de comprender y profundizar en el conocimiento referente a su actividad e identidad, es decir, una comprensión de la realidad a partir del estudio del objeto de estudio (Álvarez y San Fabián, 2012).

La visibilidad de las asociaciones, su organización, sus profesionales y sus planes de intervención socioeducativa, no es una cuestión trivial, sino de urgente necesidad, especialmente en una sociedad que aboga por el conocimiento abierto, compartido, por la transferencia del saber, la aplicabilidad de las cosas, la transparencia de la responsabilidad social, lo que implica dar a conocer el impacto y los logros conseguidos. Al respecto, Gálvez, Caba Py López (2012) revalorizan las posibilidades de Internet en la divulgación de la responsabilidad social de las ONG contribuyendo de este modo a una mayor transparencia sobre la gestión ética que desarrollan en el ámbito económico, social y medioambiental, sin embargo, los resultados evidencian en general una escasa preocupación por divulgar en Internet su actividad, valorando más positivamente la visibilidad de la formación de sus profesionales y satisfacción de los usuarios, que los beneficios indirectos en la comunidad, las consecuencias financieras y las oportunidades de sus proyectos.

Este artículo nace con la finalidad de difundir la labor educativa del Centro Juvenil Ancora, con el que los autores se encuentran vinculados activamente. Comienza con el análisis del constructo “Asociacionismo” como instrumento de movilización social y el papel educativo que desempeñan en nuestra sociedad. Continúa con un breve recorrido por los aspectos pedagógicos, organizativos y las principales actuaciones de la Confederación Juvenil Don Bosco, para finalmente, describir la acción socioeducativa de uno de los centros que la componen: el centro Juvenil Áncora.

2. El asociacionismo y su relevancia educativa

Vivimos en palabras de Duch (2004) en una crisis constante de las instituciones. El equilibro entre familia y escuela se ha visto alterado ante la ambivalencia de normas, conductas y valores, traduciéndose en la desinstucionalización de ambas y en una mayor revalorización del potencial educativo del entorno como espacio comunitario. Solo desde el concepto de comunidad puede entenderse la labor desempeñada por las asociaciones, en la que la ayuda al otro es donación, responsabilidad y entrega incondicional sin ningún ánimo de lucro. Así pues, la paradoja entre la crisis de valores como la solidaridad y participación social asociada al excesivo protagonismo otorgado al individualismo, conviven con el incremento y diversificación de las necesidades atendidas por las asociaciones y organizaciones sociales que forman parte del tejido social, promovido especialmente desde la década de los noventa con la transición democrática y aparición de movimientos liberales.

El volumen alcanzado por las asociaciones es tan elevado que se requieren de diversas tipologías que nos permitan clasificarlas. En función del colectivo al que atienden existen asociaciones centradas en la infancia, juventud, tercera edad, minusválidos, minorías étnicas…En cuanto al campo o área que atienden se podrían clasificar de culturales, ocio, deportivas, empresarial, políticas, medio ambientales,… Las asociaciones de índole cultural, deportiva y educativa son las tipologías más presentes a nivel estatal destacando las culturales como las que mayor crecimiento han personificado en los últimos años, consecuencia de la existencia de una sociedad multiétnica que se ve impregnada por diferentes formas culturales.

Este crecimiento exponencial se ve mermado ante la inestabilidad económica y la vulnerabilidad de las asociaciones a los vaivenes de la sociedad y de las políticas imperantes, considerándose este riesgo como un rasgo constante a lo largo de tiempo. De esta manera, asociacionismo y sociedad emergen como un binomio retroalimentario dónde el asociacionismo discurre de acuerdo a los cambios y condiciones que se dan en el entorno (Marín, 2010). Así pues, los periodos vinculados a guerras o crisis económicas no solo han limitado la creación de asociaciones, sino también las posibilidades y recursos de atención socioeducativa de los colectivos a los que se dirigen. Ante esta situación, las asociaciones de carácter internacional y nacional disponen de una estructura fuertemente administrativa y con mayores recursos lo que les otorga mayores probabilidades de solvencia y permanencia que a las asociaciones locales.

Tal es la cobertura y difusión del asociacionismo que hace necesaria la conformación de federaciones o redes de comunicación que aseguren su correcta difusión por el territorio autonómico o estatal, resaltando así uno de los principios básicos del trabajo asociacionista: el trabajo en red (Alberich, 1993). Pero la labor desempeñada por las asociaciones no depende solamente de la estructura y funcionamiento de la misma, sino también de otros aspectos de convivencia, actitudinales y emocionales. En este sentido, Miñano (2006) señala el sentido de pertenencia como rasgo de identidad que contribuye a favorecer el trabajo comunitario, superando visiones superficiales y rudimentarias de las necesidades a atender. Al igual que el sentimiento de pertenencia es esencial para forjar la comunidad y el trabajo en equipo, el fomento de la autonomía y autorrealización son esenciales para favorecer la responsabilidad y el compromiso de acción, lo que constituye a su vez la base de la participación. No cabe duda de que la labor educativa depende en gran medida de la participación: tanto de los educadores/as como de los educandos/as, empleando los vocablos educativo asociados a lo académico y formal, y de los educadores/as y usuarios, desde los vocablos de la intervención en el plano de la educación no formal. En este tipo de actividades, el valor de la persona cobra una fuerte importancia, pues queda retratado como el destinatario y protagonista de toda la acción de naturaleza social y alcance educativo que se desarrolla desde la labor del monitor/educador.

De este modo, el valor de la ciudadanía no es sólo el objetivo que se persigue, sino el modelo vital que se implanta en el asociacionismo. Se trata de una acción enriquecida de valores y aprendizajes en pro de la formación de seres humanos íntegros y capaces de ser miembros activos de la construcción de nuestra sociedad.

Reconocida la complejidad y tipologías de las asociaciones, así como las peculiaridades de cada una de ellas, nos adentramos en esta ocasión en el asociacionismo juvenil, definido por González Alcober (2003) como “una manera de participar en democracia, de concebir la sociedad desde una perspectiva activa y no pasiva, en la que se pueden hacer muchas y variadas acciones incidiendo en la propia comunidad” (p.26). Constituye uno de los retos de la sociedad actual, pues la intervención socioeducativa con el colectivo de jóvenes se ha realizado mayoritariamente liderada y organizada jerarquicamente, es decir, desde un modelo educador-joven, y no desde la horizontalidad que conlleva el trabajo ideado y compartido colaborativamente entre jóvenes y que revierte en beneficio de un sector poblacional y de la propia comunidad. De este modo, se fomenta entre los jóvenes una cultura de participación que ayuda a conformar una ciudadanía activa e implicada con los problemas sociales y las soluciones que pueden aportar a los mismos (Lostao, 2009).

Por otra parte, estas iniciativas se encuentran reguladas por la Administración nacional y autonómica, mediante las políticas de apoyo al asociacionismo juvenil, y organismos que tratan de mejorar el estado de las asociaciones juveniles en cuanto a su capacidad organizativa, el acceso a los recursos, potenciar los procesos de reflexión, entre otros (González Alcober, 2003). Del mismo modo, en la medida de lo posible, se persigue una cualificación no formal de las personas que forman la directiva de la asociación y  de aquellos que ejecutan la labor de monitores, siendo necesario que todos ellos realicen algún tipo de formación, interna o externa, que le cualifique para ello.

Tal y como anunciábamos en el primer apartado de este trabajo, se hace necesario incrementar la visibilidad de estas asociaciones juveniles, labor que no radica solamente en la divulgación de fotos y actuaciones en las redes sociales, sino también de otros contenidos organizativos y de responsabilidad social en otros medios académicos y científicos. Esta tarea requiere el dominio de la competencia investigadora, así como de la narración y producción científica, siendo recomendable que su realización recaiga en una persona cualificada para ello. Un perfil profesional afín a este campo de actuación de las asociaciones es, sin lugar a dudas, el Educador Social, por eso, desde aquí los emplazamos a contribuir a un mayor reconocimiento de la labor educativa que desde las asociaciones juveniles se desarrolla, realizando esta labor de asesoramiento, evaluación y visibilidad de las mismas.

Entre todas las asociaciones juveniles, destacan las actividades de índole social y educativa que se desarrollan desde congregaciones católicas. Los Salesianos son considerados como una de las agrupaciones católicas más reconocidas y presentes en el territorio nacional donde el asociacionismo se representa como una de las vértebras que sustenta su trabajo. Grupos en los que destaca la tarea de los educadores desde el gran compromiso por y para los jóvenes, ofertando varias propuestas y experiencias educativas que ponen en contacto las expectativas de los jóvenes con las propuestas de valores de los educadores (Pinos, 2014). A continuación, ahondaremos en los principios pedagógicos y organizativos que personalizan la acción llevada a cabo a nivel nacional por la Confederación Nacional y a nivel local por el Centro Juvenil Áncora, dos claros ejemplos educativos de trabajo asociacionista en red.

3. La acción educativa desde la confederación juvenil Don Bosco

Antes de adentrarnos en desgranar los principios pedagógicos que subyacen en la intervención educativa desempeñada por la Confederación juvenil Don Bosco, así como a los aspectos relativos al funcionamiento e intervención de los órganos implicados, se estima oportuno conocer los orígenes de las experiencias incipientes que forjaron la base del engranaje actual. El comienzo se remonta a mediados del siglo XIX por medio de la creación de los “oratorios” como centros educativos y preventivos para la población infantil y juvenil de la época. De esta forma, con el discurrir del tiempo, estas instituciones son pieza clave para la constitución de la base que define la actual praxis educativa desarrollada en el voluntariado la cual es representada, a través de la creación de un abanico de proyectos de diferente índole, como medio para la atención de las necesidades desde el trabajo de varias iniciativas de educación no formal, evangelización y acción social. Actualmente, la actividad de la congregación aborda un total de 66.665 usuarios, 3.521 voluntarios y 127 centros o asociaciones, siendo una de las iniciativas de voluntariado juvenil que mayor rango de cobertura presenta a nivel nacional.

3.1. Principios pedagógicos

Desde la congregación de los Salesianos se reconoce su papel como precursor de métodos pedagógicos que persisten a día de hoy. Uno de los más conocidos y el más representativo de este movimiento educativo es el método preventivo, el cual fue utilizado por Don Bosco con los jóvenes del norte de Italia a mitad del siglo XIX. Don Bosco se nutrió de las bases de dicha metodología para adaptarla a las necesidades de su tiempo de forma que la hizo ser parte representativa de los Salesianos. Todo ello se asienta sobre una serie de conocimientos, cualidades y recursos consolidados y equilibrados en el trinomio: razón, religión y amor (Ceria, 1941).

El método preventivo constituye un modo particular de tratar y educar a los jóvenes. Supone una intervención basada en la acogida, iluminación y fecundación de principios realistas que se expresa entrelazando teoría y práctica como si de un arte se tratase, en la que el educador sustituye la falta y el castigo por actuaciones amistosas y preventivas (Casotti, 1960). Desde esta perspectiva, el maestro a diferencia del profesor, no está únicamente centrado en el discurso disciplinar ni en el cumplimiento de las prescripciones normativas propias de una relación educativa lineal del yo-tu, transmisor-receptor, sino que desde el rol de guía y acompañamiento vital que impone las necesidades emergentes en el contexto social, debe ser propulsor y receptor de confianza entre y hacia sus alumnos, abriendo la educación al encuentro con el otro, para que se convierta en el nosotros. Según Melich (2010) mientras el profesor “esgrime un discurso lógico, un discurso informativo, el maestro propiamente no habla, muestra y, por lo tanto, su forma es inspiradora, evocadora, sugerente” (p.277). El educador trata de llegar al corazón del joven, para potenciar su desarrollo.

Dentro de estas comunidades, la plataforma de educación para el ocio y tiempo libre se origina como un medio para la disipación de las influencias que distorsionan la salud e integridad del ser humano, pues el ocio se puede percibir como un arma de doble filo, es decir, que tan pronto puede ser beneficioso como perjudicial para el ser humano (Pascucci, 2012). Para ello se apuesta por un proyecto educativo que favorece la vivencia de valores desde la integración y participación en la comunidad, desarrollando a su vez el sentimiento de pertenencia y otorgando mayor credibilidad al modelo presentado.

Entre los recursos que se suelen emplear en el trabajo con los jóvenes destaca el teatro y la música, lo que permite generar un ambiente lúdico, de acogida y apertura, en el que se promueve la formación de aspectos sociales, cognitivos y personales. En dicho método resalta la acogida como medio para la integración y la aportación de una respuesta educativa, desde una faceta afectiva, que se desarrolla de forma continua para garantizar la eficacia de la acción (García Perales, 2009). De esta forma, el educador se encarga de rescatar al sujeto como protagonista de la acción educativa. En definitiva, se trata de una educación desde el corazón centrada en la persona y en sus necesidades.

Otro eje esencial de la intervención educativa lo constituye la educación para la fe, que actúa como vehículo transversal de la transmisión de valores democráticos esenciales en la formación ciudadana para aprender a desenvolverse ante los retos de la vida y contribuir activamente en el desarrollo y compromiso social. Además, ayuda al crecimiento personal y comunitario siendo un excelente complemento para el proceso de maduración, el cual ocupa un relevante lugar en el desarrollo de los rangos de edad a los que se atiende.

Por último, destacar esa connotación social que implica la intervención educativa de los centros juveniles como medio de inserción y transformación de la sociedad en la que vivimos, personificando también la educación como una brújula en esta marea turbia y cambiante que es la sociedad (Delors, 2013). En estos entornos se acepta la pluralidad y, por tanto, llega a todos sin discriminación ninguna, todo ello representado por numerosas iniciativas y acciones en pro de conseguir una inserción de aquellos colectivos en riesgo de exclusión social. Además, se ayuda a sensibilizar a la población respecto a todo lo que concierne de cara a que se transfiera a su día a día una acción de apoyo a estos grupos.

3.2. Estructura y principios organizativos.

La confederación como organismo nacional regula todos los aspectos económicos, formativos, de gestión y organización que conciernen al movimiento juvenil salesiano a nivel general. Para ello se cuenta con una estructura u organigrama compuesta por varios órganos de gobierno que interactúan coordinadamente:

  •  Asamblea General: Está conformado por la Asamblea Ejecutiva y uno o dos representantes de las federaciones que forman parte de la Confederación. Por medio de este se aceptan los aspectos organizativos y económicos anuales y se aprueba la Asamblea Ejecutiva. Se reúnen de forma ordinaria una vez al año.
  • Asamblea Ejecutiva: Se trata del órgano representativo y ejecutivo que actúa por delegación de la Asamblea General. Está compuesto por las figuras de Presidente, Vicepresidente, Secretario, Tesorero, Gerente, Coordinador Nacional de Centros Juveniles, un representante de cada Federación, un representante de los Salesianos y, por último, una representante de las Salesianas. Los cargos son aprobados para una duración de tres años.
  • Consejo Ejecutivo: Dirige los asuntos ordinarios y de urgencia del organismo. Éste está coordinado por el/la Presidente/a, Coordinador Nacional de Centros Juveniles, Secretario y el/la gerente de la organización.

Desde la configuración se llevan a cabo diferentes iniciativas formativas del voluntariado a escala nacional e internacional esenciales para el desempeño de las acciones educativas llevadas a cabo por este organismo. Todo ello trabajado por medio de comisiones concretas que además de la formación específica generan encuentros de voluntarios/as favoreciendo la cohesión e intercambio de experiencias.

Además, actúa como motor de movilización tanto de los aspectos más técnicos como de los más educativos. De ahí la relevancia de establecer y evaluar los principios organizativos que posibilitan la coordinación de diversas Federaciones Autonómicas, tomando como marco de referencia el trabajo en red. La actividad de la Confederación se disgrega en federaciones que controlan una determinada zona del territorio nacional.  Éstos transfieren las líneas generales del trabajo de la Confederación a la acción de los Centros Juveniles pertenecientes a la federación. Éstos se encargan de llevar la puesta a cabo de acciones e intervenciones de forma general y más específica dentro de los sectores de actuación que éstos tienen: Infancia, Juventud, Formación e Inclusión Social y a su vez, llevan el control de la gestión y administración de los centros juveniles pertenecientes.

Dentro de las federaciones uno de los ámbitos de trabajo es la formación, éstos desarrollan la principal actividad del sector de formación por medio de las escuelas de Animación. Éstas se constituyen como instituciones educativas formales que proporcionan una formación reglada a los voluntarios/as por medio de la impartición de los siguientes títulos: Monitor/a de Ocio y Tiempo Libre, Coordinador/a de Ocio y Tiempo Libre y Formador/a de formadores. Toda esta formación reglada va precedida de una formación específica de una duración considerable dentro de cada uno de los centros juveniles, formación impartida en consonancia a lo marcado por la Escuela de cara a ofrecer una secuencia formativa progresiva y lógica. Así, la propia plataforma se gestiona la formación, impartiendo una enseñanza específica que se caracteriza por tener una personalidad propia que le da un sello de calidad.

Por consiguiente, este tipo de organización asegura la formación de los cimientos de la intervención socioeducativa pues constituye las bases educativas y gubernamentales sobre las que se construyen las actividades o programas más específicos desarrollados en áreas concretas. Pues, aunque resulte una tarea de índole vivencial y experiencial, requiere de un proceso sistemático que asegura la correcta cobertura de los numerosos servicios que realiza a multitud de usuarios, estableciendo unos criterios de rigor y orientación comunes que aseguren el buen funcionamiento de los organismos en los que se discurre la acción.

3.3. Programas de intervención socioeducativa

La labor desarrollada por los trabajadores/as, voluntarios/as y destinatarios/as de la Confederación en varios programas de intervención abarca un amplio rango de edades y finalidades. Respecto a la infancia, el programa se articula en varios proyectos locales para la ejecución de una acción de tipo lúdico y educativa como medio para la formación integral y atención al absentismo escolar. Todo ello orientado a una mejor calidad de vida con acciones como ludotecas o campamentos. La atención a la adolescencia se desarrolla por medio de proyectos locales que potencia la integración social del individuo impulsando el protagonismo juvenil desde actividades como los musicales.

En el ámbito de la salud se disgrega su intervención en la incentivación de la responsabilidad en la conducta sexual y la prevención de las drogodependencias y los trastornos alimentarios por medio de campañas de sensibilización o charlas informativas, entre otras iniciativas. En cuanto al empleo, se diseña y pone en marcha un programa de formación y ayuda al empleo para que se palien las necesidades formativas de los jóvenes de cara a una mayor integración laboral. Resaltan medidas como los talleres ocupacionales o la orientación laboral.

Por último, se contemplan programas de formación del voluntariado en las competencias necesarias para afrontar con éxito los objetivos planteados además de resaltar la formación como elementos de cohesión, crecimiento y desarrollo.  Destaca la creación de escuelas de formación para asegurar la homogeneidad en la formación nacional del voluntariado.

Así, no se entiende la labor socioeducativa como un saber cerrado unidireccional pues dentro de su esencia se concentra una multitud de ámbitos de trabajo que acotan desde dimensiones como la salud o el empleo. No obstante, aunque se subdividan en programas específicos demarcados, todos se articulan de forma conjunta en pro del cumplimiento de una serie de objetivos comunes que definen la esencia del organismo, la diferenciación se establece únicamente en pro de atender de forma más específica las necesidades de los diferentes colectivos a los que atiende.

4. Centro Juvenil Salesiano Áncora

El Centro Juvenil Áncora nace, dentro de la Congregación Salesiana de Cartagena, como asociación de ocio y tiempo libre en octubre de 1989 fruto del interés de un grupo de antiguos de alumnos que querían llevar a cabo una acción educativa a la población juvenil e infantil dado que éstos tenían la necesidad de la creación de un entorno cultural y educativa a fin de poder dar una oferta que pueda enriquecer el ocio y el tiempo libre de estos grupos de población que demandaban un entorno de entretenimiento ante la falta de recursos y espacios para ello.

De esta manera, a lo largo de los 25 años que lleva funcionando ha desarrollado actividades que han sido preparadas y ejecutadas por los miembros de todos los organismos que trabajan en los Salesianos de Cartagena (Murcia). Una muestra de correcto trabajo en red, apoyándose entre todos para la obtención de una mejor oferta de actividades y propuestas, lo cual demuestra la estrecha relación entre el Centro Juvenil Áncora y el centro educativo y demás grupos participantes. Además de la relación que establece a nivel federativo y nacional con los órganos ya mencionados.

4.1. Análisis Contextual

La acción se desarrolla dentro de un barrio de familias de un nivel económico y sociocultural medio-bajo, caracterizado por la presencia de viviendas unifamiliares de baja altura y de comercios locales que se identifica con la fisonomía de un área periurbana de carácter tradicional y familiar. Uno de los aspectos principales de la zona es la gran presencia de población inmigrante que constituye el barrio como un entorno multicultural.

De acuerdo al estudio contextual realizado en las familias de la asociación por Álvarez y Hernández (2015), en primer lugar, se aprecia que se presentan dos tipologías de familias con mayor presencia en el perfil de las familias de los destinatarios del Centro Juvenil Áncora. Estos dos tipos son, la familia nuclear que destaca como la más presente con diferencia con un 62,8% de las familias y ,por otro lado, encontramos en segundo lugar de presencia, la familia extensa, la cual es similar a la familia nuclear pero con la inclusión de algunos familiares más como abuelos o tíos, ésta tiene una existencia de un 25,6% debido a las crecientes dificultades económicas fruto de la crisis que obliga a algunos miembros de la familia a anexarse al núcleo familiar o también se puede deber a aquellos familiares longevos que son dependientes y no pueden vivir de manera autónoma. Por último, mencionar que, a menor medida, encontramos con un 6,4% y 5,1% de familias monoparentales y ensambladas, respectivamente.

En cuanto al nivel sociocultural podemos destacar que, en lo que respecta al nivel de estudios de los padres, se sitúa en torno a un nivel medio puesto que el 91,45% de los padres y madres tienen mínimo el graduado escolar y, además, cerca de un 25% de los padres y madres tienen estudios universitarios. La distinción entre padres y madres es a penas apreciable puesto que no hay diferencias significativas de más de un 6% entre ambas figuras en cada uno de los niveles de estudios. La tasa de paro a nivel general es de un 23,17% muy similar a la tasa de paro española. Viendo este dato, de manera más específica, podemos observar que en realidad, de los parados, el 80% son mujeres.

4.2. Fundamentación y Naturaleza del Proyecto

El Centro Juvenil Áncora es una entidad de educación en el tiempo libre para niños, niñas y jóvenes, que desarrolla su labor en el ámbito de Cartagena. En un ambiente de amplia acogida basado en el estilo educativo de Don Bosco, trabaja en el campo de la Prevención, Formación, Promoción del Voluntariado y Animación Sociocultural, promoviendo el desarrollo integral de la persona y haciéndola protagonista de su propio crecimiento. Éste se configura como uno de los centros culturales y educativos más importantes que promueve la participación y protagonismo infantil y juvenil que responde con medios concretos, de tipo personal, cultural o social, a los intereses, inquietudes y necesidades más profundas de los jóvenes, en clima de alegría, libertad y responsabilidad, que ocasione la creación de un ambiente de acogida y respeto.

Así, partiendo del movimiento del oratorio salesiano, nace el Centro Juvenil Áncora como movimiento para la configuración de una comunidad educativa infantil y juvenil dinamizando contextos desde un compromiso activo y crítico de las realidades sociales que vivimos, promoviendo iniciativas concretas y participando en actividades sociales y juveniles. Para ello, se buscará cuidar la relación personal con cada joven, a través del acompañamiento y de la presencia educativa de los animadores, favoreciendo su participación en las actividades y su integración en el ambiente. Siendo el destinatario el principal centro de atención de la acción realizada.

4.3. Objetivos Generales

Los objetivos generales marcados por la asociación se configuran dentro de tres grandes ejes, de acuerdo a los ambientes y agentes educativos que se ven implicados, éstos son:

A) Como Institución: La institución busca desarrollar un ambiente educativo de calidad que lleve a un enriquecimiento personal por medio de la transmisión de unos valores. A su misma vez, desea desarrollar una acción más implicada en el ámbito social que focalice una intervención hacia aquellos sectores de población que se encuentran en riesgo de exclusión social.

B) Con los destinatarios y las familias: Una mayor atención, interacción e involucración del agente social y educativo más importante de los destinatarios, las familias, como una forma de hacerles sentir participe y parte de la educación de sus hijos/as. Por otro lado, en cuanto a los destinatarios, analizar las necesidades que  tienen para acotar mejor la intervención educativa.

C) Con el equipo de voluntarios: Como parte clave de la articulación de la acción, se quiere proporcionar una oferta formativa inicial y continúa de calidad que forje el papel de monitor-educador.  Además de hacerles sentir parte responsable del cuidado, mantenimiento y funcionamiento del desarrollo de la asociación y sus instalaciones.

4.4. Áreas y etapas de intervención

La intervención se desarrolla dentro de cuatro sectores de actuación, en función del rango de edad. Éstos son:

  • Grupo Amigos: Comprende la edad entre los cursos de 3º a 6º de Educación Primaria. Se desarrollan acciones enfocadas en el juego, los talleres y momentos de grupo de transmisión de valores enfocados desde en un contexto lúdico y de entretenimiento.
  • Ibecchi: Abarca la edad correspondiente a los cursos de 1º y 2º de la E.S.O. Se articula una intervención educativa que atienda este periodo de cambios que puede ocasionar bastante inestabilidad, constituyéndose como eje educativo que encauce su crecimiento y proceso de maduración por medio de actividades, talleres y momentos formativos envueltos en un contexto educativo.
  • Adolescentes: Correspondiente a los destinatarios de la edad propia de 3º y 4º de la E.S.O y la de 1º de Bachillerato. La acción se crea como una herramienta preventiva hacia malos hábitos de ocio propios de la adolescencia, permitiendo destinar una buena dedicación del ocio a la misma vez que se les prepara y educa para la conformación de una buena identidad.
  • Plus: Sector creado recientemente para mayores de 17 años. Éste es gestionado y trabajado por los propios destinatarios, como un medio para la adquisición de aprendizajes e independencia, sin olvidar el carácter educativo que involucra la acción en dicho sector.

4.5. Metodología de trabajo y organización

Se trata de un trabajo distributivo en el que la primera acción es llevada a cabo por el máximo organismo representativo de la asociación, es decir, la Junta Directiva. Ésta realiza una reunión a principio de curso a fin de establecer los objetivos a cumplir y la temporalización, en la misma también se incluyen las actividades generales que implican a las familias. Además, éstos se encargan de posteriormente repartir el trabajo de preparación y organización de las mismas entre todos los voluntarios/as que forman parte del Equipo de Monitores/as.

Posteriormente, tras la programación a nivel general de las actividades que conlleva este plan, los sectores de trabajo (Grupo Amigos, G-12 y Adolescentes) se juntan con el fin de programar el trabajo del curso en su sector, atendiendo específicamente a los destinatarios/as de las edades correspondientes a sus planos de actuación.

De forma paralela, como todas las asociaciones, se da la configuración de una asamblea ordinaria al año con los socios/as mayores de 14 años con el bien de aprobar el balance económico y organizativo del año pasado y, también, aprobar los presupuestos y actividades para el año que comienza. También se celebrarán extraordinarias siempre que sea necesario.

Por último, destacar que para el funcionamiento y mantenimiento del centro juvenil se crea una serie de grupos de trabajo que velan por ello, en ellos están incluidos todos los monitores que forman parte del equipo. Los grupos son: Gestión, Limpieza, Almacén, Equipo, Material, Inclusión Social y DIFO (Difusión y comunicación). Cada uno de los grupos se encargará de dinamizar lo que implica cada uno de los diferentes campos de trabajo.

4.6.  Formación del Monitor de Ocio y Tiempo Libre

La formación ocupa una de la parte más relevante dentro de la asociación, siendo mucho el tiempo y los recursos dedicados para ello. Se atiende a una preparación previa y posterior tras la impartición y obtención del título de Monitor de Ocio y Tiempo Libre por la Escuela de Animación. La preparación previa es de dos años, un primer año de índole teórica dónde se imparte formación específica de acuerdo a los siguientes ejes temáticos: animación sociocultural, principios de la educación no formal, la persona: los valores, recursos del ocio y tiempo libre, psicología del desarrollo, organización y planificación de la acción educativa y dinamización; El segundo año se combina como una oferta teórica-práctica dónde recibirá formación pero, a su misma vez, estará realizando la acción de monitor de prácticas con el asesoramiento y acompañamiento adecuado para su inserción progresiva a la labor educativa implícita. Si su desarrollo, aprendizaje e implicación es óptimo se acudirá al curso oficial para la obtención de la titulación.

Posteriormente a la pre-formación, se darán a lo largo del curso píldoras formativas y convivencias o cursos formativos que atienda a las necesidades formativas que tienen el equipo de voluntariado y la asociación puesto que la sociedad avanza y hay que adaptarse a ello, que mejor medio para ello que la formación como medio de actualización.

Aunque la labor desarrollada recaiga en un sistema de voluntariado, sin ninguna remuneración, en ningún momento se olvida el cumplimiento de una serie de requerimientos formativos que aseguren un servicio de calidad ante una profesionalización de los monitores/as con un plan de formación sistemático y teórico-práctico en el que se dota de las herramientas de poder ejercer una intervención socioeducativa desde las esferas del ocio y el tiempo libre.

5. A modo de conclusión

No podemos negar el marco ideológico sobre el que se asientan estas asociaciones, tampoco infravalorar la labor de acción social que han desempeñado tradicionalmente en épocas pasadas en nuestro país, y que continúan realizando en espacios de vulnerabilidad extrema en otros países. No es nuestra intención entrar en el debate de la profesionalización, tan solo mostrar que este tipo de proyectos educativos desarrollados en el espacio del ocio y el tiempo libre, desde el ejercicio de la animación, que ofrece un modelo formativo para el individuo que acota la dimensión biológica, psicológica, social y existencial del ser, encontrando en este espacio temporal, donde prima el disfrute y el goce, una excelente oportunidad para la transmisión de valores que queda patente en multitud de procesos instructivos y de reeducación del ser. De esta forma, desde la acción e intervención socioeducativa se crea un espacio “configurador de la persona” como un encuentro de descubrimiento múltiple: el descubrimiento del otro, del contexto y del otro (Rose, 2014).

En este sentido, como indica Cieza (2012), las iniciativas desarrolladas en el tiempo libre se ven figuradas como una experiencia donde las vivencias cobran una fuerte importancia pues resultan próximas a la realidad cotidiana de los participantes como reflejo de sus costumbres, hábitos, red de relaciones, pautas de comportamiento y forma de ser. De la siguiente manera, para el cumplimiento de tales preceptos se requiere de unos profesionales con una formación suficiente para asegurar el carácter social y educativo de este trabajo de forma que, por medio de la articulación de una serie de actividades lúdicas, éstos puedan consolidar una serie de valores en los individuos destinatarios/as del servicio.

Somos conscientes que toda intervención educativa se encuentra plagada de luces y sombras, que junto al éxito convive el fracaso, el miedo y la decepción. De igual modo, los logros son parcialmente visibles, pues la acción educativa es una siembra cuyo fruto se recoge tardíamente. De ahí que la eficacia y calidad de la educación esté siempre cuestionada. Ahora bien, tomar este estado de contingencia y ambivalencia como pretexto para entrar en el derrotismo y abandono educativo, implica asumir las consecuencias de sumergir a las nuevas generaciones en la deshumanización más radical y atroz. Lejos de querer contribuir a ello, este trabajo se ha elaborado con la esperanza en la posibilidad de cambio, con la responsabilidad moral de atender la llamada del otro, y con la gratuidad que acompaña la donación pública de nuestro quehacer educativo. Por eso más que derrotismo nos hacemos eco de la esperanza de Freire quién nos dice:

Si hemos sido capaces de cambiar el mundo natural, que no hicimos, que ya estaba hecho, si mediante nuestra invención hemos sido capaces de agregar algo que no existía, ¿cómo no vamos a ser capaces de cambiar el mundo que sí hicimos, el mundo de la cultura, de la política, de la explotación y de las clases sociales?  (Freire, 2006, p. 69).

Todo cambio social implica transformaciones del entorno que deben ir promovidas por las personas que las habitan, por lo tanto, trabajemos con ellas, especialmente con niños/as y jóvenes, mostrándoles, como hemos expuesto en este trabajo otras alternativas de vida, porque de su confianza y buen hacer dependen el futuro. Aprovechamos la ocasión para exclamar el deseo de que la llama de la solidaridad compasiva no se apegue nunca. Para ello es necesario el fomento de iniciativas como la aquí descrita.

Así mismo, emplazamos a los profesionales de la educación especializados en el sector social a que dinamicen y promuevan el asociacionismo juvenil desde otros ámbitos y parámetros, pero dispuestos a abandonar el liderazgo, el paternalismo o la supremacia de la sobrevaloración de la cualificación, para delegar la organización, gestión de los recursos y dinamización de las actuaciones en los propios jóvenes, solo así despertaran el  verdadero sentimiento de pertenencia y la participación responderá a sus propias inquietudes.

 


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Para contactar:

José Santiago Álvarez Muñoz y Mª Ángeles Hernández Prados. Departamento de Teoría e Historia de la Educación, Universidad de Murcia.Correspondencia: Facultad de Educación, Campus  Universitario de Espinardo. 30100  Murcia, Murcia. España. Email: josesantiago.alvarez@um.es y mangeles@um.es