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Jóvenes y valores: la clave para la sociedad del futuro

Autoría: Mª Ángeles Hernández Prados, Universidad de Murcia

Palabras clave

Reseña de libro

TÍTULO: Jóvenes y valores: la clave para la sociedad del futuro
AUTORES: Javier Elzo, Carles Feixa y Esther Giménez-Salinas
EDITORIAL: Fundació” La Caixa”, Barcelona, 94 páginas.
AÑO: 2006

 

Entrar en la lectura de un libro siempre es una aventura. Si entre sus autores encontramos a Javier Elzo el riesgo se minimiza, especialmente si el campo de interés del lector se centra en los jóvenes y su papel social. Nos encontramos ante una obra ligera, de fácil lectura que cuenta con tres grandes núcleos. El primero de ellos, escrito por el autor mencionado, lleva por título “Los padres ante los valores a transmitir en la familia”, quien tras resaltar la complejidad de la sociedad actual, destaca la importancia de desarrollar la competencia personal en las personas en general y en los jóvenes en particular. Además de la competencia informática, los jóvenes deben aprender a aprender (Delors, 1996) a desarrollar su racionalidad; a valorar algo más que el dinero sin valor, que generalmente ha sido obtenido de sus familias; a reconocer nuestros derechos y deberes, ya que los unos van acompañados de los otros; a dejar de promulgar valores finalistas y vivir en la hipocresía o facha moral, para promover valores instrumentales que se materializan en conductas; a reconocer que más allá de la tolerancia pasiva interesa fomentar la tolerancia activa hacia la praxis de los valores y la intolerancia hacia los contravalores y comportamientos contrarios a los derechos humanos; a promover utopías que muevan a la ciudadanía en el deseo de buscar y perseguir mejorar los estados de convivencia; todo ello no desde la individualidad, o mejor dicho, desde la soledad del sujeto joven que se encuentra en pleno proceso de construcción de su identidad personal, sino más bien desde el acompañamiento educativo familiar. Para ello, Elzo propone cuatro modelos de actuación de las familias ante la educación de sus hijos: el sobreproteccionismo, la añoranza del pasado, la negación (mirar hacia otro lado) y la apuesta por la convivencia y autonomía de los hijos, siendo este último el más deseable. Finaliza este capítulo exponiendo algunas recomendaciones de interés destinadas a las familias centrada principalmente en romper la individualidad y promover la comunidad familiar, creando, no artificialmente sino de forma natural, espacios de comunicación paterno-filial, acabar con el laxismo y promover la disciplina sustentada en una figura de autoridad o liderazgo esencial en toda relación educativa, así como aprender a conocerse, autocontrolarse y gestionar los conflictos que inevitablemente emanan en el contexto familiar.

En el segundo capítulo escrito por Carles Feixa se realiza un recorrido por la imagen de la juventud en el presente, pasado y futuro. Ser jóvenes hoy se caracteriza por un amplio colectivo originado no solo demográficamente, sino socialmente, ya que las posibilidades del mercado son tan nefastas que la persona transita por la juventud perennemente; un joven que viven entre lo global y lo local, que se desvincula de lo cultural para encadenarse a lo material, que vive en la sobreprotección y se forman en la irresponsabilidad, que se queda en lo trivial-sensorial, en la superficialidad, inmediatez y presentismo sin promover el cultivo de la interioridad y el desarrollo integral, entre otros aspectos. Por otra parte, respecto a la figura del ayer, el autor realiza un recorrido por las circunstancias histórico-sociales asociadas a los jóvenes, partiendo de la juventud en las sociedades primitivas, en la Grecia antigua, en la Europa Medieval, en la era industrial, en tiempos de guerra y paz, en la sociedad del consumo, era de la protesta y de la crisis. Por último, la generación @ y el protagonismo de la red son los aspectos más señalados en los jóvenes del mañana.

En la tercera y última parte del libro se aborda la educación de los jóvenes en la Sociedad de la Información, partiendo del concepto de educación asociada al devenir histórico, cada vez más acelerado, como seña de identidad de una sociedad en continua transformación y cambio. Una educación democratizada y gratuita en el estado de bienestar con grandes avances en la erradicación del analfabetismo y el incremento de estudiantes universitarios. Una educación de derecho para todos, incluso atendiendo a las dificultades derivadas de los fenómenos migratorios. Una educación como referente para la formación personal y profesional, a pesar de que el nuevo saber tiene fecha de caducidad. Una educación superior que, a partir de la Declaración de Bolonia, rompe con la tradicional enseñanza dogmática y promueve la diversidad cultural y lingüística. Y una formación profesional a través de ciclos con estructuras más diversificadas y ajustadas a las necesidades del mercado laboral.