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Participación y políticas sociales

Autoría:

Jordi Usurriaga. En representación de la Junta de Gobierno del Col·legi d’Educadores i Educadors Socials de Catalunya (CEESC).

Resumen

En el presente artículo me limito a plasmar ordenadamente una serie de sugerencias de diferentes compañeros que creo que recogen el posicionamiento de la Junta de Gobierno del CEESC sobre las políticas sociales. Quiero agradecer las aportaciones de Jordi Navarro, Enric Lletjós, Carlos Sánchez-Valverde, y los consejos, intercambio de opiniones y la disponibilidad de Toni Julià.

 

Por definición, al vivir en sociedad hacemos política, por tanto ejerciendo la profesión de educador social hacemos política. Y en ambos casos lo hacemos aunque no queramos. Aunque veamos y sintamos que la política no nos interesa. ¿Acaso la mayoría de la gente hace política? Esta es una pregunta que deberíamos plantearnos. En mi caso tengo una respuesta: siempre estamos haciendo política. Todos los días hacemos política, incluso cuando dormimos hacemos política.

Hacer política no se limita a los “políticos”. Ellos, además de hacer política, como el resto de los ciudadanos, viven de ella. A los demás nos toca vivir con ella, es decir con sus consecuencias. Si hiciéramos una encuesta sobre la opinión de la política, la mayoría de la gente, probablemente con un resultado aplastante, diría: “no me interesa la política”; “no entiendo de política”; “ya voto cuando hay elecciones”. Pero hacer política desde la ciudadanía, con todo lo que implica esta palabra, no se puede limitar a votar, y olvidarnos hasta al cabo de cuatro años, en el mejor de los casos. No estar de acuerdo con las consecuencias de la política y no hacer nada, también es hacer política, en este caso inhibida. E inhibirse, es decir, no actuar, también es una forma de actuar, y los educadores lo sabemos muy bien. Cuando hemos salido a la calle a manifestarnos contra la guerra de Irak, por las víctimas del terrorismo, cuando hemos hecho sonar nuestras cacerolas, hacíamos política. Aunque no tuvieran la repercusión y los cambios que se proponían y se pedían, hacíamos política. Cuando no estamos de acuerdo con determinada política o sus consecuencias, y no hacemos nada, también estamos haciendo política y, en este caso, legitimando esa política que no consideramos adecuada, o esas consecuencias.

No sólo es nuestro derecho votar y elegir a los que pensamos que lo harán mejor -la mayoría de veces, elegimos a los que lo harán menos mal- es nuestro derecho reclamarles sus responsabilidades, bien sea cuando volvemos a votar, bien sea en los espacios de tiempo entre elecciones, teniendo en cuenta que no solo es nuestro derecho, sino también nuestra obligación.

Desde nuestra profesión, tenemos el derecho y, al mismo tiempo, el deber de hacer política en un doble sentido, como el común de los ciudadanos, en ese doble aspecto descrito, votar y reclamar/denunciar/exigir, y también velando por las personas con las que trabajamos. Podemos pensar que nosotros no tenemos voz; ellas aún tienen menos.

Debemos preguntarnos si estamos satisfechos con las políticas que nos afectan en los diferentes ámbitos que trabajamos. Pero no sólo eso, aún hay ámbitos en los que no estamos presentes, otras nuevas realidades sociales que seguro que abren nuevos campos y ámbitos de trabajo de nuevos colectivos desfavorecidos, excluidos, que aún hoy no podemos imaginar. Desde nuestros diferentes puestos de trabajo también nos tenemos que acostumbrar a anticipar determinadas situaciones y ponerlas en conocimiento de los políticos, para que empiecen a trabajar sobre ello.

Durante el II Simposium Europeo de Asociaciones Profesionales de Educadores Sociales celebrado en Barcelona a finales del año 2004, quisimos construir la plataforma común, es decir, el conjunto de criterios que nos definen como educadores sociales teniendo en cuenta la Directiva Europea de cualificaciones profesionales. Una de las competencias que se describen es la competencia profesional relativa al sistema social en la cual se encuentran funciones de marcado carácter político:

  • (1) Tener un profundo conocimiento y capacidad de participar como profesionales autorizados en la creación de diálogo y en la negociación de decisiones de las administraciones públicas, que constituyen el marco local para el trabajo socioeducativo. Por ejemplo en políticas de infancia, juventud, adultos, mercado de trabajo, familia…
  • Tener capacidad de actuar en relación con el hecho que la educación social, como actividad mayoritariamente pública, también resulta de gran interés y atención hacia la opinión pública. Así el educador social tendría que tomar parte en el actual debate social sobre el trabajo socioeducativo y en su impacto en la comunidad.

¿Nos vemos capacitados para ellas? ¿Las hacemos realmente? Yendo un poco más allá ¿Participamos en la elaboración de las políticas sociales que nos afectarán, primero como trabajadores y en segundo término como “aplicadores” de esas políticas?.

¿Cuántos educadores sociales estamos satisfechos con las políticas que afectan a nuestro desempeño diario? ¿Cuantas veces nos quejamos de si faltan recursos, de qué pasará cuando anticipamos el final de una intervención? ¿Realmente somos conscientes en nuestro quehacer diario que los servicios sociales son un derecho de ciudadano?.

Todos reconocemos que nuestro sistema de servicios sociales es relativamente joven, debemos ayudarle a que madure, a que se vaya haciendo mayor. Desde el CEESC podemos y debemos hacer muchas más cosas, reclamar nuestra participación en el diseño y desarrollo de políticas sociales, ya hay técnicos y burócratas que redactan y diseñan leyes, debemos reclamar el poder asesorarles, el poder desarrollar dichas leyes conjuntamente, el poder hacer el seguimiento de dichas leyes. Nuestra democracia, nuestro sistema de gobierno sería más participativo, más maduro. El signo de los nuevos tiempos ha de pasar por devolver a los ciudadanos la palabra y la capacidad de decidir sobre qué es lo que queremos, tenemos que andar y reclamar un sistema de democracia más directa y participativa, decidir e intentar resolver con la participación de todos los agentes los conflictos que la misma sociedad generamos.

Al mismo tiempo, también debemos reclamar y ofrecer más participación de las personas con las que trabajamos. Reclamar, y creérnoslo nosotros primero, haciéndolos participar en el desarrollo, diseño y gestión de los recursos donde trabajamos, en la medida que ello sea posible. Y no podemos olvidar al resto de la sociedad en general, su opinión también cuenta, son ciudadanos y como tales deben participar en ella. La sociedad la constituímos todos, y todos debemos participar. Los servicios sociales son un derecho universal -la mayoría de las veces- de segunda clase. Todos tenemos claro y presente que la sanidad es un derecho universal, lo mismo debemos pensar y reclamar de los servicios sociales.

Yo siento que trabajo en una sociedad que no me gusta tal y como es, espero que la mayoría de educadores lo perciban igual. Muchas veces se nos llena la boca con expresiones como “inserción crítica en la sociedad”, “transformación de la sociedad”, pero realmente qué hacemos para transformarla. ¿Luchamos para conseguirlo? O son expresiones que quedan bien al determinar objetivos, al pensar en ellos. Ya es hora de que lo llevemos a la práctica. No entiendo ser educador sin enfrentarme a la sociedad que no me gusta, no entiendo ser educador y no trabajar para cambiarla, no entiendo ser educador y no procurar que sea más justa, más solidaria.

Yo también soy responsable, la mayoría de las veces, de ejercer control social, de quedarme acomodado en lo que otros han diseñado, de quedarme acomodado en la cultura de la crítica sin más. Nuestra profesión es muy joven, muchos educadores también, pero tenemos que dar un paso adelante, uno muy importante. Vamos a empezar a reclamar, a denunciar que hay servicios e instancias que no funcionan, y vamos a llamarles públicamente por su nombre. Vamos a denunciar y a reclamar que para determinadas poblaciones hay pocos servicios, léase jóvenes en la calle, inmigrantes sin papeles, prostitución en condiciones de precariedad, drogodependientes, los sin techo, víctimas de la llamada violencia doméstica o de género.

Vamos a empezar a hablar, denunciar, reclamar la poca, por no decir nula, participación de las personas con las que trabajamos en sus propios procesos. De la nula incidencia de las entidades sociales respecto a los servicios sociales.

Hay que empezar a hablar, denunciar y redactar propuestas sobre la cobertura de los servicios sociales y su universalización; sobre la titularidad pública o privada de los servicios; en qué casos deben ser de una u otra titularidad y qué implica cada una de estas situaciones, o sobre las condiciones en la que se deberían encontrar los servicios privados. Hay que atreverse a hablar, a denunciar el colapso que viven los servicios sociales básicos.

Vamos a hablar sobre los temas básicos donde cada vez son más patentea los retrocesos y las insuficiencias, como por ejemplo la dificultad -por no decir imposibilidad- de acceso a la vivienda a causa del elevado precio y la insignificante intervención pública; el manifiesto fracaso de los planes para afrontar las drogodependencias y el incremento y normalización de las pautas de abuso; de la poca promoción de alternativas de tiempo libre y ocio para jóvenes fuera de los esquemas consumistas; del incremento de embarazos no deseados en adolescentes; de la inhibición de una intervención decidida en materia de absentismo escolar, de los vacíos legales que hay; de la falta de prevención del fracaso en la escuela y de la violencia en las escuelas; de las políticas de reinserción penitenciaria y del hacinamiento en las prisiones.

Y, ¿qué podemos decir sobre el papel residual del desarrollo comunitario? Algunos pensamos que los centros cívicos son dispensadores de actividades, en lugar de ser espacios de participación y de creación de cultura popular. Y, ¿sobre la promoción del clientelismo en las asociaciones, en lugar de un apoyo real y no condicionado al movimiento asociativo? También tenemos que denunciar y promover soluciones a la falta de estructuras públicas de apoyo a la familia.

Queremos reflejar los principios que desde el Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Catalunya creemos que tienen que regir, a partir de ahora, las políticas sociales atendiendo a la reflexión histórica y según el estado actual de los servicios sociales:

PREVENCIÓN: apostar de una vez y para siempre por una política efectiva de prevención que nos aleje de la sensación de “tapar agujeros” sensación no solo profesional sino instalada socialmente tal como quedó de manifiesto en el discurso de apertura (2) del XV Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Educadores Sociales (AIEJI) pronunciado por el entonces President de la Generalitat de Catalunya Sr. Jordi Pujol. Políticas, éstas, que no solucionan los problemas y llevan a los profesionales a la rutina, al acomodamiento y, en última instancia, a quemarnos profesionalmente.

COMPETENCIAS: no podemos basar nuestra tarea sólo en el principio de las necesidades, debemos empezar a hablar de las competencias que puede desarrollar el usuario, este hecho además de dotarnos de una nueva visión de los casos, fomentará su promoción social.

PARTICIPACIÓN: real de los usuarios de los diferentes servicios. Si creemos y fomentamos sus capacidades, tenemos que permitir que se expresen, que asuman también compromisos y responsabilidades.

SECTORIZACIÓN: hay que atender a los usuarios lo más cerca posible a su espacio de vida cotidiana (casa, barrio, ciudad…); hay que fomentar y revisar los servicios domiciliarios y los servicios de atención primaria.

Y para terminar, queremos hacer referencia hacia dónde tendrían que ir las políticas sociales en la vertiente de los profesionales que trabajamos con ellas:

  • Fomento del trabajo en red, definiendo campos profesionales y dignificando nuestra profesión con unas convocatorias claras y sin equívocos.
  • Dotación de unas condiciones laborales justas y dignas.
  • Fomento de la supervisión de equipos y del trabajo de reflexión.
  • Fomento y facilitación de la formación continua y a lo largo de la vida.
  • Incremento de los elementos de control de calidad de nuestra tarea. 
  • Participación de profesionales con mucha experiencia y conocimientos en la elaboración y puesta en práctica de estas nuevas políticas sociales.

Como se menciona en el artículo del Congreso de Galicia: “Ideologías, cultura, política y educación social”, publicado en este mismo número, los componentes culturales, ideológicos y sociopolíticos están siempre presentes en nuestra práctica diaria. Si queremos (y creemos) ejercer nuestra profesión desde principios críticos y reflexivos, orientados a mejoras que se basen en los procesos de cambio social, debemos incorporar la reflexión sobre las cuestiones ideológicas vinculadas directamente con la práctica de la educación social, nuestra posición no es neutra, y todos los sabemos.

Es nuestra obligación, profesional y personal, y nuestra responsabilidad, actuar, pero también lo es denunciar y proponer soluciones. Atrevámonos, demos ese paso adelante. Busquemos y promovamos una nueva cultura basada en la construcción colectiva del saber, en la que todas las opiniones sean válidas una vez contrastadas con la práctica. Una cultura de “código abierto”, participativa, sin apropiaciones de los resultados.

Y como decía Paulo Freire: “No puedo ser maestro (educador) sin ponerme ante los alumnos (usuarios), sin revelar con facilidad o resistencia mi manera de ser, de pensar políticamente. No puedo escapar a la apreciación de los alumnos. Y la manera en que ellos me perciben tiene una importancia capital para mi desempeño. De allí, pues, que una de mis preocupaciones centrales deba ser la de buscar la aproximación cada vez mayor entre lo que digo y lo que hago, entre lo que parezco ser y lo que realmente estoy siendo”. (3)

(1) Texto extraído de la Plataforma Común elaborada y aceptada por las Asociaciones profesionales europeas de educadores sociales presentes en el Simposium celebrado en Barcelona del 24 al 26 de noviembre de 2004.

(2)
Ver Actas del XV Congreso Mundial de AIEJI y II Congreso Estatal del Educador Social: Ética y calidad en la acción socio-educativa. Barcelona junio 2001. Pág. 34.

(3) FREIRE, P. Pedagogía de la autonomía. México: Siglo XXI Editores, 2002, pág. 93.