{"id":9789,"date":"2012-05-22T00:00:00","date_gmt":"2012-05-21T22:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/eduso.net\/res\/articulo\/apostillas-al-capitulo-iii-del-codigo-deontologico-del-educador-social\/"},"modified":"2020-12-22T10:46:47","modified_gmt":"2020-12-22T09:46:47","slug":"apostillas-al-capitulo-iii-del-codigo-deontologico-del-educador-social","status":"publish","type":"articulo","link":"https:\/\/eduso.net\/res\/revista\/15\/miscelanea\/apostillas-al-capitulo-iii-del-codigo-deontologico-del-educador-social","title":{"rendered":"Apostillas al cap\u00edtulo III del C\u00f3digo Deontol\u00f3gico del Educador Social"},"content":{"rendered":"<p align=\"right\"><strong><a href=\"http:\/\/www.eduso.net\/res\/pdf\/15\/apostillas_res_15.pdf\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/img_res_1al18\/2443.jpg\" alt=\"\" align=\"top\" border=\"1\" hspace=\"0\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<h2><strong>Introducci\u00f3n.<\/strong><\/h2>\n<p>De los tres grandes ejes que cita Vilar (2006), es aquel que hace menci\u00f3n a la \u201cconstrucci\u00f3n de un sistema deontol\u00f3gico de referencia que defina el posicionamiento moral\u201d, el que traemos ahora a colaci\u00f3n aqu\u00ed; a\u00fan a riesgo de redundar una vez m\u00e1s, de manera contumaz y harto frecuente, en los t\u00f3picos sobre los que la \u00e9tica, pero en mayor medida la moral, ha elaborado su discurso, a d\u00eda de hoy un tanto anacr\u00f3nico.<\/p>\n<p><img style=\"width: 192px; height: 144px;\" src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/img_res_1al18\/3339.jpg\" alt=\"Persona\" align=\"left\" border=\"0\" hspace=\"6\" vspace=\"4\" \/>Los tiempos cambian, qu\u00e9 duda cabe, pero lo que no est\u00e1 tan claro es que con ellos vayan a cambiar tambi\u00e9n aquellas estructuras homog\u00e9neas ancladas en el inmovilismo, elaboradas al amparo de unas gu\u00edas de referencia que dejan en evidencia los c\u00e1nones por los que se rige una profesi\u00f3n \u2013por fortuna- todav\u00eda joven y esperanzada, y con gente a su alrededor dispuesta a facilitar los cambios que de ella se esperan.<\/p>\n<p>Hablar en t\u00e9rminos de regeneraci\u00f3n implicar\u00eda el peligro de acabar transmitiendo cierto desaliento, con un tiempo pret\u00e9rito, cuya responsabilidad no pienso permitir que se me confiera, ni por m\u00ed ni por un colectivo al que no represento en cualquier caso. Si hay algo que verdaderamente nos ha ense\u00f1ado la deontolog\u00eda profesional, es a asumir nuestras propias acciones sin necesidad de ampararlas en los ambages que ciertas mayor\u00edas gremiales se atreven a esgrimir, a\u00fan a riesgo de acabar hipotecando el cr\u00e9dito de una profesi\u00f3n a\u00f1eja que les ha prove\u00eddo de todo lo que son y m\u00e1s.<\/p>\n<p>Por eso, con el convencimiento de saberse exonerado de ligaduras impuestas por extempor\u00e1neos corporativismos, se redactan estas l\u00edneas sin el menor desaf\u00edo, y siempre a rebufo de lo que Hansen (2002:51) entiende por sensibilidad moral, es decir: \u201cla importancia del modo en que un educador piensa y act\u00faa, y no s\u00f3lo de lo que dice o hace\u201d.<\/p>\n<h2><strong>Consideraciones previas.<\/strong><\/h2>\n<p>No s\u00e9 hasta qu\u00e9 punto podr\u00eda llegar a ser cierto que <em>los c\u00f3digos \u00e9ticos no parecen jugar actualmente un papel significativo en la formaci\u00f3n de los educadores o en sus vidas profesionales<\/em> (Strike y Ternasky, 1993:2-3), pero si as\u00ed fuese, a nadie deber\u00eda sorprenderle que a los te\u00f3ricos les queden tan pocas ganas de discutir acerca de nada que tenga que ver con la deontolog\u00eda profesional. Por eso, cuando lo hacen, parecen poner todo su empe\u00f1o en abundar sobre aspectos lo suficientemente cargados de pragmatismo como para acertar de lleno con los intereses de la comunidad socioeducativa, a la que en buena lid se dirigen.<\/p>\n<p><img style=\"width: 292px; height: 192px;\" src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/img_res_1al18\/3287.jpg\" alt=\"\" align=\"right\" border=\"0\" hspace=\"6\" vspace=\"6\" \/>Eso explicar\u00eda la ausencia, tan significativa a mi juicio, de un apartado en la redacci\u00f3n del C\u00f3digo Deontol\u00f3gico del Educador Social que haga menci\u00f3n expl\u00edcita, adem\u00e1s de a las relaciones del educador o educadora social con los sujetos de la acci\u00f3n socioeducativa, su profesi\u00f3n, equipo e instituci\u00f3n para la que trabaja -si fuera ese el caso-, y con la sociedad en general, a la relaci\u00f3n que est\u00e1 obligado a mantener consigo, salvo que se acabe optando por un relativismo rampante cuyo \u00fanico sentido sea el de entender ese cinismo impenitente que arrastran quienes poco tienen que ofrecer de s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Pero el pragmatismo, cuanto menos el simb\u00f3lico, aquel, en suma, con el que algunos pretenden configurar el espacio reservado a todo aquello que verdaderamente nos emplaza a entendernos en franca convivencia con el pr\u00f3jimo (del lat\u00edn proximus) u <em>hombre respecto de otro, considerados bajo el concepto de la solidaridad humana<\/em> (RAE, 2001), no es dif\u00edcil mantenerlo a raya, de ah\u00ed la reflexi\u00f3n a posteriori de los propios Strike y Ternasky, que parecen descolgarse finalmente de una aserci\u00f3n tan taxativa, y en consecuencia <em>ofrecen tres factores relacionados con el aumento del inter\u00e9s por las regulaciones deontol\u00f3gicas y por la \u00e9tica<\/em> (Prats, Buxarrays y Teis. 2004:88).<\/p>\n<h2><strong>\u00c9tica vs est\u00e9tica.<br \/>\n<\/strong><\/h2>\n<p><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/img_res_1al18\/3331.jpg\" alt=\"Persona\" align=\"right\" border=\"0\" hspace=\"6\" vspace=\"6\" \/><\/p>\n<p>Aclarado el malentendido, cabe centrarnos ahora en la corriente de complicidad existente entre los t\u00e9rminos de un binomio tan artificioso como tangencial, reflejo de la poca habilidad de algunos para separar el heno de la paja, o lo que es lo mismo, la \u00e9tica de la est\u00e9tica, obstinados en continuar arrastrando esa tendencia antigua a identificar lo bello con lo bueno. Y es que una apreciaci\u00f3n est\u00e9tica no es m\u00e1s que un juicio de valor, axiol\u00f3gico eso es cierto, pero juicio al fin y al cabo. As\u00ed, para hablar de \u00e9tica, o moral aut\u00f3noma, que para el caso que nos ocupa es pr\u00e1cticamente lo mismo, hace falta algo m\u00e1s que una simple y mera abstracci\u00f3n de aquello que podemos considerar como real, visto siempre desde un enfoque positivista.<\/p>\n<p>Para adoptar, pues, cualquier posicionamiento respecto de una profesi\u00f3n y de aquellos que la ejercen, debemos analizar previamente algunos conceptos determinantes. El primero de ellos se refiere a las actitudes, valores o conductas, todas ellas imbricadas en un sistema de creencias que, en no pocas ocasiones, acaban entrando en conflicto. Una actitud es un juicio afectivo, y por tanto axiol\u00f3gico, de naturaleza evaluativa y aprendida en el seno de las relaciones informales que establecemos a nivel contextual, explicando la conducta como <em>compendio de un equilibrio emotivo<\/em> (Gelabert, 2011).<\/p>\n<h2><strong>De la praxis a la teor\u00eda.<br \/>\n<\/strong><\/h2>\n<p><em><img style=\"width: 162px; height: 224px;\" src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/img_res_1al18\/3336.jpg\" alt=\"Persona\" align=\"left\" border=\"0\" hspace=\"6\" vspace=\"9\" \/>La construcci\u00f3n social de la autoestima est\u00e1 fuertemente ligada a la formaci\u00f3n del car\u00e1cter, sobre todo moral<\/em> (Camps, 2010). Las emociones, m\u00f3viles de la acci\u00f3n y del comportamiento, son perfectamente gobernables bajo el paradigma moral de la autoestima, base del comportamiento \u00e9tico. Ello tiene mucho que ver con la cobertura de las necesidades b\u00e1sicas, no tanto f\u00edsicas como sociales, de dignidad y reconocimiento.<\/p>\n<p><em>Auto eficacia es la percepci\u00f3n que la persona tiene de su val\u00eda personal y profesional<\/em> (Vall\u00e9s 2010, citado por Gelabert, 2011), la seguridad, en suma, con que se encaran los retos del d\u00eda a d\u00eda. Pero con una profesi\u00f3n de tanta responsabilidad como la del educador, cabe interrogarse seriamente acerca de la viabilidad de nuestros recursos, innatos o aprendidos, con igual celo como diligencia hemos de poner en la respuesta. Pero no tiene sentido evaluarnos, acerca de nuestras posibilidades de sacar adelante un proyecto s\u00f3lo con buenas intenciones. Y ser honestos con nosotros mismos, tampoco es tan dif\u00edcil, sobre todo para los que est\u00e1n acostumbrados a serlo a diario con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Cabr\u00eda preguntarnos entonces, con toda franqueza: <em>\u00bfpuede el ciego guiar al ciego?<\/em> (Lucas 6,39), y si la respuesta m\u00e1s sincera es la que en nuestro fuero interno, entonces tan s\u00f3lo cabe actuar en consecuencia, que no es claudicar, y no s\u00f3lo porque la sociedad no puede permit\u00edrselo, sino porque nosotros tampoco.<\/p>\n<p><img style=\"width: 267px; height: 200px;\" src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/img_res_1al18\/3335.jpg\" alt=\"Personas\" align=\"right\" border=\"0\" hspace=\"6\" vspace=\"19\" \/>Por el mero hecho de ser como somos, y de haber querido dedicarnos al <em>proximus<\/em> como profesi\u00f3n, somos en buena parte responsables de ello, tanto como de nuestros h\u00e1bitos, costumbres o formas de actuar; y del buen gobierno de las mismas, qu\u00e9 duda cabe. Pero <em>en este constructo no estamos solos, somos altamente influenciables por el entorno<\/em> (Gelabert, 2011), y aunque por fortuna el mundo es cada vez menos violento, nuestras emociones, para bien o para mal, no dejan una y otra vez de sorprendernos.<\/p>\n<p>Somos l\u00edderes, gu\u00edas afectivos, y si no sabemos gestionar los roces y los malos entendidos, contingencias \u00e9stas que pueden dejar <em>huellas y cicatrices emocionales<\/em> (Vaello, 2008), tenemos la obligaci\u00f3n de aprender a manejarlos, con m\u00e1s o menos soltura, para evitar que se nos vayan de las manos. <em>No somos responsables de nuestras emociones<\/em>, -asegura Jorge Bucay (2006: 125)-, <em>pero s\u00ed de lo que hacemos finalmente con ellas<\/em>.<\/p>\n<p>Y todo ello, sin olvidar en ning\u00fan momento que <em>no se trata, simplemente, de a\u00f1adir una regulaci\u00f3n \u00e9tica a un conjunto de destrezas t\u00e9cnicas, ni una capacitaci\u00f3n t\u00e9cnica a una tarea fundamentalmente moral, sino de entender que en ambas dimensiones existe una completa interacci\u00f3n que aconseja distanciarte de un tecnicismo estrecho y de un moralismo ret\u00f3rico<\/em> (Ruiz Corbella, 2003:182-183).<\/p>\n<h2><strong>Conclusiones.<\/strong><\/h2>\n<p><img style=\"width: 192px; height: 136px;\" src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/img_res_1al18\/3332.jpg\" alt=\"Personas\" align=\"left\" border=\"0\" hspace=\"6\" vspace=\"9\" \/><\/p>\n<p><em>Cuidar la representaci\u00f3n del mundo, rica en valores y posibilidades<\/em> (Marina, 2010:105), <em>es una responsabilidad a la hora de potenciar los recursos personales y sociales de las personas que han depositado su confianza en nuestro saber hacer, pero que esperan que tambi\u00e9n les mostremos nuestro saber ser y estar<\/em> (Gelabert, 2011). Sin embargo,<em> sabemos que eso no es tan f\u00e1cil. No puedes ense\u00f1ar a leer y a escribir si nadie te ha ense\u00f1ado primero. Con la vida es mucho m\u00e1s evidente<\/em> (Marco Aurelio, 1998:215). Es decir, si nosotros, como referentes que pretendemos ser de personas vulnerables y\/o vulneradas, arrastramos una serie de carencias a las que somos incapaces de hacer frente, \u00bfde qu\u00e9 manera podemos ayudar, si apenas somos capaces de ayudarnos a nosotros mismos?<\/p>\n<p>De ah\u00ed, pues, la importancia de disfrutar de un curr\u00edculum emocional sano, fruto del conglomerado de experiencias por las que hayamos podido pasar a lo largo de nuestra existencia y que, a la larga, han determinado nuestra particular forma de afrontar las situaciones, y la manera en que gestionamos nuestras emociones.<\/p>\n<p><img style=\"width: 192px; height: 144px;\" src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/img_res_1al18\/3333.jpg\" alt=\"Persona\" align=\"right\" border=\"0\" hspace=\"6\" vspace=\"14\" \/><em>La educaci\u00f3n ha de ayudar a crecer moralmente al ni\u00f1o\/a, consiguiendo que \u00e9l mismo sea juez y parte de sus acciones, siempre respetando el bien com\u00fan<\/em> (Valero y L\u00f3pez, 2011:97). Y todos nosotros sabemos muy bien que eso no es f\u00e1cil, no en vano <em>los hombres de bien son muy escasos<\/em> \u2013nos leg\u00f3 Lucio Anneo S\u00e9neca (2000: 113)- <em>y no pueden hacerse enseguida<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","palabra_clave":[1119],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v16.7 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/eduso.net\/res\/revista\/15\/miscelanea\/apostillas-al-capitulo-iii-del-codigo-deontologico-del-educador-social\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Apostillas al cap\u00edtulo III del C\u00f3digo Deontol\u00f3gico del Educador Social - RES. 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