{"id":9338,"date":"2020-03-14T00:00:00","date_gmt":"2020-03-13T23:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/eduso.net\/res\/articulo\/supuestos-que-orientan-la-relacion-educativa-con-adolescentes-y-jovenes-de-16-a-18-anos\/"},"modified":"2021-02-21T20:39:02","modified_gmt":"2021-02-21T19:39:02","slug":"supuestos-que-orientan-la-relacion-educativa-con-adolescentes-y-jovenes-de-16-a-18-anos","status":"publish","type":"articulo","link":"https:\/\/eduso.net\/res\/revista\/30\/el-tema-revisiones\/supuestos-que-orientan-la-relacion-educativa-con-adolescentes-y-jovenes-de-16-a-18-anos","title":{"rendered":"Supuestos que orientan la relaci\u00f3n educativa con adolescentes y j\u00f3venes de 16 a 18 a\u00f1os"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>En la convocatoria a este n\u00famero de la Revista de Educaci\u00f3n Social (RES), se establece que para Espa\u00f1a, la <em>\u201cjuventud se entiende administrativamente a partir de los 16 a\u00f1os, de manera que coincide con una parte de la franja de edad atribuida a la adolescencia, marcada administrativamente hasta la mayor\u00eda de edad\u201d<\/em>. En tal sentido, aquellas personas entre 16 y 18 a\u00f1os estar\u00edan en una etapa del ciclo de vida cuya denominaci\u00f3n resulta ambigua.<\/p>\n<p>Anticipando cierta similitud con lo que pasa en Uruguay, en un primer momento del art\u00edculo se realiza un desarrollo conceptual acerca de las nociones de adolescencia y juventud como clases de edad, se\u00f1alando la dificultad para delimitarlas seg\u00fan rangos etarios definidos a partir de la edad cronol\u00f3gica. No obstante, el texto asume y justifica una forma de denominar: adolescentes y j\u00f3venes de 16 a 18 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Seguidamente se exponen brevemente algunas caracter\u00edsticas de las pol\u00edticas sociales en Uruguay, en particular las dirigidas a las j\u00f3venes generaciones. Como parte de las mismas, se distinguen dos proyectos socioeducativos destinados a la adolescencia y a la juventud, cualquiera de ellos posible \u00e1mbito de trabajo de la educaci\u00f3n social y que aqu\u00ed se referencian como contexto profesional para el desarrollo de la tem\u00e1tica.<\/p>\n<p>Finalmente, se abordan tres premisas que caracterizan la relaci\u00f3n educativa con adolescentes y j\u00f3venes de 16 a 18 a\u00f1os. Para el caso uruguayo, dicho tramo de edad es el momento previo al fin de la actuaci\u00f3n del sistema de protecci\u00f3n del Estado.<\/p>\n<h2><strong>Adolescencia(s) y juventud(es)<\/strong><\/h2>\n<p>Las clases de edad, son divisiones que establecen agrupamientos de las personas seg\u00fan sus edades cronol\u00f3gicas. Dicha divisi\u00f3n es hist\u00f3rica y social, por lo cual var\u00eda seg\u00fan \u00e9poca y cultura. Tambi\u00e9n es relativa, por lo que una redefinici\u00f3n de alguna de las clases afecta tambi\u00e9n a las otras. Adolescencia y juventud refieren a ciertas etapas del ciclo de vida de una persona, sin embargo var\u00edan en los l\u00edmites de edades que cada una de ellas abarca dependiendo de la perspectiva que se asuma.<\/p>\n<p>Para la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas (ONU), el rango de edad correspondiente a la juventud abarca de los 15 a 24 a\u00f1os. La Organizaci\u00f3n Iberoamericana de Juventud (OIJ), organismo internacional multigubernamental y \u00fanico con este car\u00e1cter en materia de juventud, adopta el mismo criterio. Sin embargo, para la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS), la juventud se corresponde con el per\u00edodo de la vida que va de los 10 a los 24 a\u00f1os. M\u00e1s all\u00e1 de estos organismos internacionales, a nivel de cada pa\u00eds la realidad tambi\u00e9n es heterog\u00e9nea. Asimismo, en materia normativa la delimitaci\u00f3n tambi\u00e9n difiere. Por ejemplo, la Convenci\u00f3n sobre los Derechos del Ni\u00f1o (CDN) proclamada por la ONU, consagra derechos para todo ser humano desde su nacimiento hasta los 18 a\u00f1os. Por su parte la Convenci\u00f3n Iberoamericana de Derechos de los J\u00f3venes (CIDJ), declarada por la OIJ, reconoce un conjunto de derechos para las personas entre 15 y 29 a\u00f1os.<\/p>\n<p>En Uruguay, de modo similar a lo que sucede en varios pa\u00edses de la regi\u00f3n, la condici\u00f3n juvenil resulta m\u00e1s extensa que la establecida por la ONU. En tal sentido, el Instituto Nacional de la Juventud (INJU) define como joven a toda persona entre 14 y 29 a\u00f1os. Al mismo tiempo, el Instituto del Ni\u00f1o y Adolescente del Uruguay (INAU) representa la institucionalidad rectora de pol\u00edticas para todo ser humano desde el nacimiento hasta los 18 a\u00f1os. En lo que refiere a la normativa vigente, se ha ratificado la CDN y la CIDJ,<a title=\"\" href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup><sup>[1]<\/sup><\/sup><\/a> mientras que el actual C\u00f3digo de la Ni\u00f1ez y la Adolescencia (CNA),<a title=\"\" href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><sup><sup>[2]<\/sup><\/sup><\/a> establece que \u201cse entiende por ni\u00f1o a todo ser humano hasta los trece a\u00f1os de edad y por adolescente a los mayores de trece y menores de dieciocho a\u00f1os de edad\u201d.<\/p>\n<p>Lo anterior, evidencia la existencia de l\u00edmites difusos en la delimitaci\u00f3n etaria de la adolescencia y de la juventud, involucrando tramos de edad m\u00e1s o menos extensos seg\u00fan el caso, y admitiendo un posible solapamiento entre ambas clases de edad. Al igual que para la realidad espa\u00f1ola, en Uruguay no existe consenso a la hora de atribuir tal o cual clase de edad para las personas de 16 a 18 a\u00f1os. En este sentido, el segundo informe de la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud advierte que:<\/p>\n<blockquote class=\"citados\"><p>\u201c[\u2026] no se considera adecuado ni riguroso, considerar los tramos etarios como indicativos de \u201cclases de edad\u201d (adolescencia y juventud). Si bien entre los 12 a 14 a\u00f1os, todos pueden ser considerados adolescentes, esto no es estricto, ni un\u00e1nime, para aquellos comprendidos en el tramo de 15 a 19 a\u00f1os\u201d (Filardo [<em>Coord.<\/em>], 2010:22)<\/p><\/blockquote>\n<p>En otro orden, la investigaci\u00f3n \u201cUsos y apropiaciones de espacios p\u00fablicos de Montevideo y clases de edad\u201d (Filardo <em>et al<\/em>, 2007: 39), propone la existencia de distintos tipos de edad en un sujeto. En ella se distingue entre la edad cronol\u00f3gica (a\u00f1os vividos), la edad biol\u00f3gica (procesos de envejecimiento del cuerpo), la edad subjetiva (autopercibida), la edad social (configurada por habilitaciones y limitaciones que lo social define), y la edad burocr\u00e1tica (vinculada con delimitaciones de edades desde el Estado para el acceso a bienes y servicios o el establecimiento de derechos y obligaciones). Por \u00faltimo, los autores agregan la presencia de una edad hist\u00f3rica, que en v\u00ednculo con las anteriores, da cuenta de la \u00e9poca en la que se vive una determinada edad. Esta distinci\u00f3n entre tipos de edad, sustenta la idea de que hay una asincron\u00eda entre la edad cronol\u00f3gica y las \u201cotras\u201d edades en un sujeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/ado1.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Adolescencia y juventud, en tanto categor\u00edas estad\u00edsticas definidas como tramos de edad, no pueden pensarse de manera homog\u00e9nea. Suponen condiciones hist\u00f3ricas, culturales y sociales diversas, que pautan temporalidades distintas e imposibilitan la idea de pensar en la edad cronol\u00f3gica como criterio clasificador, \u00fanico y suficiente. Intentando evitar modos un\u00edvocos de pensar las clases de edad, distintos discursos han incorporado el uso de los plurales. Hablar en t\u00e9rminos de adolescencias y de juventudes, supone el reconocimiento de m\u00faltiples formas de ser adolescente y de ser joven.<\/p>\n<p>La adolescencia, surge conceptualmente como invenci\u00f3n del sistema escolar del siglo XIX y de los posteriores desarrollos de las teor\u00edas psicol\u00f3gicas vinculadas al desarrollo, los cuales retoman los planteos rousseaunianos.<\/p>\n<p>Enrique Mart\u00edn Criado expresa que la adolescencia tiene origen:<\/p>\n<blockquote class=\"citados\"><p>\u201c[\u2026] en relaci\u00f3n con los v\u00e1stagos de la burgues\u00eda y de las clases medias que acuden a la ense\u00f1anza secundaria y que a los 14 \u00f3 16 a\u00f1os siguen viviendo en un mundo apartado de los rigores del trabajo y de la vida adulta. Estos adolescentes, a diferencia de sus contempor\u00e1neos obreros o de las clases altas, viven como `escolares\u00b4, vigilados y apartados de las responsabilidades adultas\u201d (Mart\u00edn Criado, 2005:88).<\/p><\/blockquote>\n<p>Por su parte, D\u00e1vila, Ghiardo y Medrano se\u00f1alan que fue el psic\u00f3logo Stanley Hall <em>\u201cquien con la publicaci\u00f3n (1904) de un tratado sobre la adolescencia, se constituy\u00f3 como hito fundacional del estudio de la adolescencia y pasara a formar parte de un cap\u00edtulo dentro de la psicolog\u00eda evolutiva\u201d<\/em> (D\u00e1vila, Ghiardo y Medrano, 2005:46).<\/p>\n<p>La juventud, ha sido utilizada como categor\u00eda por otras disciplinas de las humanidades y de las ciencias sociales. Su origen tiene lugar a mediados del siglo XX, en el contexto de la posguerra, caracterizado entre otras cosas por la modernizaci\u00f3n de las sociedades y la expansi\u00f3n de la sociedad de consumo.<\/p>\n<p>Rossana Reguillo expresa que la juventud:<\/p>\n<blockquote class=\"citados\"><p>\u201c[\u2026] como hoy la conocemos es propiamente una \u00abinvenci\u00f3n\u00bb de la posguerra, en el sentido del surgimiento de un nuevo orden internacional que conformaba una geograf\u00eda pol\u00edtica en la que los vencedores acced\u00edan a in\u00e9ditos est\u00e1ndares de vida e impon\u00edan sus estilos y valores. La sociedad reivindic\u00f3 la existencia de los ni\u00f1os y los j\u00f3venes, como sujetos de derecho y, especialmente, en el caso de los j\u00f3venes, como sujetos de consumo (&#8230;) El envejecimiento tard\u00edo, operado por las conquistas cient\u00edficas y tecnol\u00f3gicas, reorganiz\u00f3 los procesos de inserci\u00f3n de los segmentos m\u00e1s j\u00f3venes de la sociedad \u201d (Reguillo, 2000:23)<\/p><\/blockquote>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de or\u00edgenes y tradiciones de ambos conceptos, adolescencia y juventud representan dos clases de edad relacionadas pero diferentes. Si bien algunos discursos privilegian el uso de una categor\u00eda en detrimento de la otra, mientras que otros hacen un uso indiferenciado de ambas, en nuestro caso preferimos adherirnos a la distinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al respecto, D\u00e9bora Kantor reconoce a la adolescencia como tal y fundamenta la importancia de dicho reconocimiento:<\/p>\n<blockquote class=\"citados\"><p>\u201cY si los modos de nombrar tienen efectos sobre las pr\u00e1cticas (Diker, 2003), nombrando de manera casi excluyente joven a lo que es posible y necesario identificar \u2013a\u00fan hoy\u2013 como adolescente, se ver\u00eda sensiblemente afectada una posici\u00f3n adulta sustentada en el reconocimiento del trabajo ps\u00edquico que conlleva y define la adolescencia y de la significaci\u00f3n que adquieren en ella las referencias identificatorias\u201d (Kantor, 2008:22)<\/p><\/blockquote>\n<p>Resulta preciso entonces, identificar y reconocer qu\u00e9 de los discursos sobre lo adolescente est\u00e1 en juego para las personas de 16 a 18 a\u00f1os. Al mismo tiempo, intentando pensar a este sector de la poblaci\u00f3n desde una perspectiva m\u00e1s integradora, tambi\u00e9n parece necesario recurrir a ciertas producciones sobre lo juvenil. Ello desde el entendido de que el concepto de adolescencia remite a asuntos de \u00edndole psicol\u00f3gica, mientras que el de juventud est\u00e1 m\u00e1s vinculado a cuestiones culturales y a problemas estructurales (Kantor, 2008).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/ado2.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Los distintos discursos acerca de la juventud dan cuenta de una gran variedad de temas, conceptos y preocupaciones en relaci\u00f3n a lo juvenil. En particular, interesa para este art\u00edculo, distinguir los planteos acerca de las culturas juveniles y de la juventud como tramo biogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>A nivel de Iberoam\u00e9rica, en la d\u00e9cada del 90 surge el uso del t\u00e9rmino \u201cculturas juveniles\u201d (Feixa, 1999; Reguillo 2000). Nuevamente el uso del plural hace \u00e9nfasis en la heterogeneidad, entendi\u00e9ndose que ello resulta m\u00e1s justo respecto a la noci\u00f3n de cultura juvenil, ampliamente utilizada hasta ese entonces. Entre otros, Carlos Feixa entiende respecto a las culturas juveniles:<\/p>\n<blockquote class=\"citados\"><p>\u201cEn un sentido amplio, las culturas juveniles se refieren a la manera en que las experiencias sociales de los j\u00f3venes son expresadas colectivamente mediante la construcci\u00f3n de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en espacios intersticiales de la vida institucional. En un sentido m\u00e1s restringido, definen la aparici\u00f3n de \u00abmicrosociedades juveniles\u00bb, con grados significativos de autonom\u00eda respecto de las \u00abinstituciones adultas\u00bb, que se dotan de espacios y tiempos espec\u00edficos\u201d (Feixa, 1999:84)<\/p><\/blockquote>\n<p>\u00a0Por su parte, la juventud como tramo biogr\u00e1fico, supone reconocer la existencia de hitos trascendentes en la biograf\u00eda de una persona joven, cuya forma de tramitarse y resolverse genera efectos futuros en sus trayectorias y en su posicionamiento en lo social. El estudio de estos tramos, diversos y desiguales, son aportes de la sociolog\u00eda de las transiciones para pensar la juventud (Casal <em>et al, <\/em>2011; Filardo, 2010). En Uruguay el an\u00e1lisis de la transici\u00f3n a la adultez se centra en cuatro eventos fundamentales: salida del sistema educativo, ingreso al mercado laboral, constituci\u00f3n de domicilio diferente del hogar de origen, e inicio de la vida reproductiva.<sup><sup><a title=\"\" href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a><\/sup><\/sup><\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed, un desarrollo posible acerca de las nociones de adolescencia y juventud. Considerando la dificultad para delimitar cada clase de edad en rangos etarios \u00fanicos, que la edad cronol\u00f3gica no resulta un criterio clasificador suficiente, que existen diversas formas de ser adolescente o joven, y reconociendo los efectos de pensar lo adolescente y lo juvenil para las personas comprendidas entre 16 y 18 a\u00f1os, de aqu\u00ed en m\u00e1s nos referiremos a este sector de la poblaci\u00f3n como adolescentes y j\u00f3venes.<\/p>\n<h2><strong>El campo socioeducativo en Uruguay como contexto profesional de trabajo con adolescentes y j\u00f3venes<\/strong><\/h2>\n<p>El sistema de bienestar social uruguayo, y en particular el conjunto de pol\u00edticas dirigidas a la infancia, adolescencia y juventud, <em>\u201cposee una estructura arraigada de prestaciones tradicionales a las que se les ha ido a\u00f1adiendo pautas asistenciales y\/o promocionales de provisi\u00f3n social\u201d<\/em> (Midaglia, 2010: 30). Pese a los cambios experimentados durante el siglo pasado y principios de este, Uruguay ha conservado ciertos rasgos estructurales caracter\u00edsticos del viejo sistema de protecci\u00f3n, lo que llev\u00f3 a que se conformara un sistema h\u00edbrido en el que conviven pol\u00edticas sociales universales con otras de tipo focal, as\u00ed como programas ejecutados desde la esfera estatal y otros tercerizados. (Midaglia, 2010).<\/p>\n<p>En lo que refiere a las pol\u00edticas dirigidas a las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes en nuestro pa\u00eds, Carmen Midaglia (2009) identifican tres fases a lo largo del tiempo: la primera que se corresponde con la etapa tradicional de la matriz de bienestar del pa\u00eds y por ende asume caracter\u00edsticas similares, es decir, pol\u00edticas sociales centralizadas, sectorializadas, con aspiraci\u00f3n de universalidad y administradas estatalmente; la segunda que surge en el per\u00edodo de la apertura democr\u00e1tica a partir de 1985,<a title=\"\" href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><sup><sup>[4]<\/sup><\/sup><\/a> donde hubo una serie de innovaciones que se implementaron a trav\u00e9s de la reforma del sistema educativo y el dise\u00f1o de un conjunto de iniciativas para la ni\u00f1ez, la adolescencia y la juventud en situaci\u00f3n de pobreza y vulnerabilidad; y finalmente las \u00faltimas tres d\u00e9cadas, donde se registra un ritmo acelerado y sostenido de creaci\u00f3n de programas de protecci\u00f3n, lo cual se relaciona con el continuo incremento de los \u00edndices de pobreza que marcaron la segunda mitad de los a\u00f1os 90 y se agudizaron luego de la crisis del 2002, as\u00ed como con la llegada de la izquierda al gobierno nacional por primera vez en el 2005.<\/p>\n<p>A partir de la confluencia de las pol\u00edticas sociales y de las pol\u00edticas educativas, se ha ido conformando el campo de lo socioeducativo. Los or\u00edgenes de las pr\u00e1cticas socioeducativas en nuestro pa\u00eds estuvieron centradas en la atenci\u00f3n de los \u201cmenores moral y materialmente abandonados, y delincuentes\u201d<em>, <\/em>tal como lo designa el C\u00f3digo del Ni\u00f1o de 1934 (Pastore y Silva, 2016). Tras la aprobaci\u00f3n de dicho C\u00f3digo, se crea el Consejo del Ni\u00f1o, entidad encargada de \u201ctodo lo relativo a la vida y el bienestar\u201d de personas menores de edad en el pa\u00eds. En el marco de la declaraci\u00f3n de la CDN, en 1989 se sustituye el citado Consejo por el Instituto Nacional del Menor (INAME). Finalmente en 2005, y luego de la aprobaci\u00f3n del CNA, este instituto pasa a denominarse INAU (Instituto del Ni\u00f1o y Adolescente del Uruguay). Actualmente, \u00e9sta es la instituci\u00f3n dedicada a la atenci\u00f3n y protecci\u00f3n de la infancia y la adolescencia en Uruguay.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.inau.gub.uy\/adolescencia\/centros-juveniles\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img loading=\"lazy\" class=\"mt-1 alignnone\" src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/inaur.jpg\" alt=\"\" width=\"750\" height=\"649\" \/><\/a><\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><small>(<a href=\"https:\/\/www.inau.gub.uy\/adolescencia\/centros-juveniles\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Imagen<\/a>)<\/small><\/h6>\n<p>Volviendo a la d\u00e9cada del 90, instaladas las pol\u00edticas neoliberales en Am\u00e9rica Latina, se produce un recorte en el gasto p\u00fablico y la retracci\u00f3n de la presencia estatal en arenas donde hist\u00f3ricamente hab\u00eda tenido un rol protag\u00f3nico. Ello gener\u00f3 ciertas condiciones que desencadenaron en modelos de co-gesti\u00f3n, a trav\u00e9s de los cuales el Estado convoc\u00f3 al sector privado para la prestaci\u00f3n de servicios. Midaglia (2000) caracteriza en este sentido a la etapa postdictadura por la \u201cexplosi\u00f3n institucional\u201d, en virtud de que surgen la mayor parte de las organizaciones que trabajan actualmente con la infancia, la adolescencia y la juventud, incentivadas por la celebraci\u00f3n de convenios con el Estado.<\/p>\n<p>De este modo, el INAU adem\u00e1s de gestionar directamente programas y proyectos, hoy por hoy mantiene multiplicidad de convenios con organizaciones de la sociedad civil (OSC) para la gesti\u00f3n de diversos proyectos. Aqu\u00ed se concentra un importante \u00e1mbito de actuaci\u00f3n profesional de la educaci\u00f3n social en Uruguay.<\/p>\n<p>Personalmente, como educador social he trabajado durante varios a\u00f1os en dos proyectos socioeducativos dedicados a la adolescencia y a la juventud, ambos gestionados por OSC en convenio con el INAU.<\/p>\n<p>Por un lado, un Centro Juvenil ubicado en un barrio al noroeste de la ciudad de Montevideo. M\u00e1s all\u00e1 de encargos sociales e institucionales, desde el equipo de trabajo se conceb\u00eda al centro como un espacio de participaci\u00f3n y socializaci\u00f3n para adolescentes, que promoviera el desarrollo personal y los procesos de integraci\u00f3n social de sus participantes. A trav\u00e9s de actividades estructuradas grupales y de encuentros o instancias individuales, los y las adolescentes pod\u00edan encontrar un lugar donde participar de acuerdo a sus intereses.<\/p>\n<p>Formalmente los Centros Juveniles son propuestas socioeducativas para personas adolescentes de 12 a 18 a\u00f1os, originadas a fines de los a\u00f1os 90. El INAU establece actualmente que el objetivo general de estos proyectos es:<\/p>\n<blockquote class=\"citados\"><p>\u201cDesarrollar acciones que promuevan la participaci\u00f3n de adolescentes y j\u00f3venes en un espacio de socializaci\u00f3n orientado al pleno desarrollo personal, la integraci\u00f3n social, el apoyo pedag\u00f3gico, el acceso a la cultura y la recreaci\u00f3n, interviniendo sobre los factores que dificultan el mismo y potenciando las capacidades\u201d.<a title=\"\" href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><sup><sup>[5]<\/sup><\/sup><\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><\/a><\/p>\n<p>Pese a que estos Centros est\u00e1n dirigidos a una franja etaria de la poblaci\u00f3n, por estar localizados en zonas del pa\u00eds con determinadas caracter\u00edsticas socioecon\u00f3micas, ponen en juego la variable del territorio como criterio discriminador de los destinatarios de la pol\u00edtica. Asimismo, el nuevo perfil de Centro Juvenil aprobado en 2015, propone priorizar adolescentes que demuestran mayores niveles de \u201cvulnerabilidad cr\u00edtica\u201d seg\u00fan ciertos indicadores establecidos.<a title=\"\" href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><sup><sup>[6]<\/sup><\/sup><\/a> Por tanto, se trata de una pol\u00edtica de corte focalizada.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/cabecerar.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<h6><small>(<a href=\"https:\/\/www.adra.org.uy\/proyectos\/centros-juveniles\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Imagen<\/a>)<\/small><\/h6>\n<p>El segundo proyecto se inscribe en el \u00e1mbito de una instituci\u00f3n cuyos inicios estuvo vinculado a la gesti\u00f3n de un centro de protecci\u00f3n donde resid\u00edan ni\u00f1os, ni\u00f1as y adolescentes, a fines de la d\u00e9cada del 80. Con el correr del tiempo, a partir de la experiencia adquirida y atendiendo a lo establecido en la CDN y en el CNA, se redujo el tiempo de internaci\u00f3n, increment\u00e1ndose las acciones en el \u00e1mbito familiar y comunitario. (Dom\u00ednguez y Silva, 2014)<\/p>\n<p>Dentro del dise\u00f1o institucional vigente, se implementa un Proyecto de Autonom\u00eda como forma de dar respuesta al egreso de adolescentes y j\u00f3venes institucionalizados en diversos dispositivos de protecci\u00f3n del sistema INAU. Se trata de adolescentes y j\u00f3venes que carecen de una estructura familiar que los sostenga, ante lo cual la asunci\u00f3n de responsabilidades adultas emerge como una urgencia cuando los plazos de la protecci\u00f3n institucional se agotan (Dom\u00ednguez y Silva, 2014). En este marco, con cada adolescente o joven que participa del proyecto se implementa un trabajo socioeducativo individual, acompa\u00f1ado por la transferencia temporal de algunos apoyos econ\u00f3micos que lo viabilicen. Es condici\u00f3n para ingresar al proyecto tener 17 a\u00f1os en ese momento, mientras que el v\u00ednculo institucional puede extenderse hasta los 20 a\u00f1os, mediante pr\u00f3rrogas concedidas por INAU en base a proyectos individuales fundados.<\/p>\n<p>Los 18 a\u00f1os en Uruguay, adem\u00e1s de suponer la mayor\u00eda de edad, establecen la finalizaci\u00f3n de la actuaci\u00f3n institucional del sistema INAU. Las trayectorias que realizan los y las j\u00f3venes hacia la adultez son diferentes, estando afectadas por condiciones de desigualdad seg\u00fan las distintas posiciones que ocupan en la estructura social (Filardo, 2010). Por ende, el egreso institucional de los dispositivos de protecci\u00f3n, para adolescentes y j\u00f3venes que no cuentan con una referencia adulta estable, implica proyectarlos hacia una autonom\u00eda anticipada.<a title=\"\" href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><sup><sup>[7]<\/sup><\/sup><\/a> (Dom\u00ednguez y Silva, 2014:15).<\/p>\n<h2><strong>Tres premisas que estructuran la relaci\u00f3n educativa con adolescentes y j\u00f3venes de 16 a 18 a\u00f1os<\/strong><\/h2>\n<p>Mi experiencia profesional est\u00e1 marcada por un v\u00ednculo prolongado en el tiempo con cada uno de los proyectos referidos. M\u00e1s all\u00e1 de sus respectivas particularidades, el tr\u00e1nsito por ellos incidi\u00f3 sustancialmente en la producci\u00f3n de una forma de pensar y hacer el trabajo educativo con adolescentes y j\u00f3venes. O al menos dadas las caracter\u00edsticas de estos proyectos, con cierta parte de adolescentes y j\u00f3venes, en general pertenecientes a los sectores pobres.<\/p>\n<p>Enfoc\u00e1ndonos en adolescentes y j\u00f3venes de 16 a 18 a\u00f1os, para uno de los proyectos supone la etapa final de un posible v\u00ednculo institucional, mientras que para el otro es la posibilidad de establecer su inicio. No obstante, en ambos casos est\u00e1 relativamente presente el fin de la actuaci\u00f3n del sistema de protecci\u00f3n y el consecuente egreso institucional.<\/p>\n<p>Violeta N\u00fa\u00f1ez ha desarrollado vastamente el tema de modelos de educaci\u00f3n social. Un modelo tiene como funci\u00f3n ser un dispositivo de lectura que permite pensar la realidad educativa y traducirla; al mismo tiempo, orienta los modos de actuaci\u00f3n profesional (Medel en N\u00fa\u00f1ez [<em>Coord<\/em>.], 2010). N\u00fa\u00f1ez plantea la existencia de dos grandes discursos en la actualidad, de los que deviene dos modelos de acci\u00f3n en el campo de la educaci\u00f3n social: uno orientado hacia el control social de la poblaciones basado en las l\u00f3gicas del neohigienismo, otro pedag\u00f3gico que se orienta a la acci\u00f3n educativa a partir del ofrecimiento de plataformas culturales plurales a los sujetos de la educaci\u00f3n. (N\u00fa\u00f1ez [<em>Coord<\/em>.], 2010)<\/p>\n<p>A partir de los discursos del modelo cr\u00edtico<a title=\"\" href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><sup><sup>[8]<\/sup><\/sup><\/a> de educaci\u00f3n social (N\u00fa\u00f1ez [<em>Coord<\/em>.], 2010), lo que sigue en el texto representa una forma de volver sobre la l\u00f3gica de los lugares en la relaci\u00f3n educativa y a parte del trabajo que cada integrante realiza en torno a la cultura. Recordemos que la l\u00f3gica de los lugares remite a la idea de que el sujeto de la educaci\u00f3n es efecto de un lugar, en tanto existe una oferta de contenidos culturales que realiza quien educa y alguien dispuesto a apropiarse de ellos. Se trata de un lugar que se ocupa en el marco de una estructura de relaciones, en la cual la cultura juega un papel protag\u00f3nico. Quien educa realiza un trabajo previo de selecci\u00f3n y traducci\u00f3n de los contenidos culturales que se ofrecen, mientras que quien est\u00e1 dispuesto a apropiarse de ellos asume un trabajo posterior de adquisici\u00f3n y transformaci\u00f3n de los mismos.<\/p>\n<p>Consecuentemente, se proponen tres enunciados que sintetizan y agrupan algunas ideas referidas a c\u00f3mo pensar la relaci\u00f3n educativa con adolescentes y j\u00f3venes de 16 a 18 a\u00f1os.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Adolescentes y j\u00f3venes como consumidores y productores culturales<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>D\u00e9bora Kantor (2008) sostiene que los consumos culturales refieren a los procesos de apropiaci\u00f3n y resignificaci\u00f3n de los bienes materiales y simb\u00f3licos disponibles socialmente, en torno a los cuales adolescentes y j\u00f3venes se encuentran y se crean a s\u00ed mismos. Respecto a las producciones culturales, \u00e9stas suponen para la autora un movimiento de salida de lo propio hacia la esfera p\u00fablica, una creaci\u00f3n que genera novedad y porta la marca de su\/s autor\/es. (Kantor, 2008).<\/p>\n<p>Estas pr\u00e1cticas de consumo y producci\u00f3n, adolescentes y j\u00f3venes las realizan de forma individual y colectiva, en el marco de sus vidas cotidianas y en los territorios culturales por donde transitan. En este sentido, las instituciones socioeducativas y quienes trabajamos en ellas, debemos colaborar con tales procesos, sabiendo que:<\/p>\n<blockquote class=\"citados\"><p>\u201cCuando decimos consumos y producciones culturales nos referimos, entonces, al universo cultural de los pibes, que configura tambi\u00e9n el territorio en y desde el cual reciben nuestras propuestas, las auscultan, las aceptan, las rechazan o las transforman. Un universo que en cierta medida compartimos y en gran medida no podemos penetrar, y que corresponde conocer, aunque m\u00e1s no sea (posible) en parte.\u201d (Kantor, 2008:34)<\/p><\/blockquote>\n<p>Un reciente libro colectivo dirigido por Pablo Di Leo y Ana Josefina Arias (2019) aborda el v\u00ednculo entre j\u00f3venes e instituciones desde dos perspectivas: por una parte, experiencias y trayectorias institucionales de las personas j\u00f3venes; y por otra, biograf\u00edas y pr\u00e1cticas institucionales en torno a las problem\u00e1ticas, agencias y derechos juveniles. En el encuentro entre j\u00f3venes y distintos actores institucionales adultos, se tramitan formas novedosas de acceso y ejercicio de derechos; al mismo tiempo, se disputan, recrean e inventan maneras singulares de ser. (Di Leo y Arias, 2019).<\/p>\n<p>Retomando planteos que se vienen desarrollando durante las \u00faltimas d\u00e9cadas en el campo de la salud en Brasil en relaci\u00f3n a la categor\u00eda de cuidado, los autores toman la redefinici\u00f3n que propone Roseni Pinheiro en relaci\u00f3n a la idea de cuidar, \u00e9sta como un modo de dejar ser al otro. Otro que tiene derecho a ser diferente y a que esas diferencias sean respetadas p\u00fablicamente, a que sea reconocido y se le garantice su \u201c<em>derecho a ser<\/em>\u201d.<sup><sup><a title=\"\" href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a><\/sup><\/sup><\/p>\n<p>Trabajamos con adolescentes y j\u00f3venes inscriptos \u201c<em>en una cartograf\u00eda de lazos (Frigerio, 2006), en flujos de ida y vuelta, desde los cuales van consumiendo y produciendo, a la vez que se producen y se constituyen sujetos, en un mundo cultural que los condiciona<\/em>\u201d (Lahore, Pastore y Pereyra, 2010:94) Ya no s\u00f3lo se trata de reconocer un sujeto \u201c<em>entretenido en ser<\/em>\u201d,<a title=\"\" href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\"><sup><sup>[10]<\/sup><\/sup><\/a> sino de garantizar condiciones de posibilidad para que cada adolescente o joven pueda practicar su derecho a ser.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Oferta de recursos culturales y sociales para que adolescentes y j\u00f3venes puedan construirse<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>La identidad se construye y modifica a lo largo de toda nuestra existencia, desarroll\u00e1ndose en un tiempo y un espacio cultural determinado. As\u00ed entendida, la identidad se concibe como un proceso de identificaci\u00f3n, una construcci\u00f3n constante, nunca terminada (Hall; Du Gay, 1996). No obstante, en especial la adolescencia pero tambi\u00e9n la juventud, son momentos vitales de construcci\u00f3n y reconstrucci\u00f3n identitaria. Al respecto, la educaci\u00f3n social tal como lo expresa Encarna Medel (2010), debe ofrecer narrativas a las nuevas generaciones. Hacer una oferta educativa implica trabajar en una narrativa que permita al sujeto reconocer y reconocerse en diversos tiempos; que permita dar sentidos a los acontecimientos pasados, a la interpretaci\u00f3n del presente y a la proyecci\u00f3n hacia el futuro (Medel en N\u00fa\u00f1ez [<em>Coord<\/em>.], 2010).<\/p>\n<p>Si centramos nuestra atenci\u00f3n en las adolescencias y juventudes que provienen de los sectores m\u00e1s pobres de la sociedad, las mismas est\u00e1n atravesadas por m\u00faltiples situaciones de desigualdad, exclusi\u00f3n e injusticia. Dichas condiciones de existencia afectan de forma particular la producci\u00f3n de subjetividades, los procesos de identificaci\u00f3n y los v\u00ednculos con los otros y con la cultura.<\/p>\n<p>Marcelo Vi\u00f1ar (2009) se\u00f1ala que la invenci\u00f3n de una novela propia que construya un relato sobre qui\u00e9n estamos siendo, hemos sido y queremos ser, es un hito ineludible de humanizaci\u00f3n. No obstante a\u00f1ade el autor, las situaciones extremas de desamparo, aver\u00edan tales procesos. Ello deteriora la capacidad de historizar -establecer conexiones de sentido- y de traducir la experiencia en relato. Para un gran n\u00famero de adolescentes y j\u00f3venes que transitan por las instituciones de protecci\u00f3n, la educaci\u00f3n debe colaborar con la restauraci\u00f3n de <em>\u201cla capacidad de integrar el tiempo vivencial en un tr\u00edptico de pasado, presente y futuro, en un tiempo que articule la memoria con anhelos y proyectos\u201d<\/em>. (Vi\u00f1ar, 2009:105).<\/p>\n<p>En otro sentido, la educaci\u00f3n social debe ofrecer recursos para que adolescentes y j\u00f3venes establezcan relaciones con el sistema educativo y con el mundo del trabajo. Entre los 16 y los 18 a\u00f1os, la oferta debe hacer particular \u00e9nfasis en la continuidad educativa y en los primeros acercamientos a lo laboral.<\/p>\n<p>En Uruguay, tal como lo establece el art\u00edculo 7 de la Ley General de Educaci\u00f3n (Ley N\u00b0 18.437), es obligatoria la educaci\u00f3n desde el nivel inicial hasta la educaci\u00f3n media superior. Si bien los \u00faltimos tiempos se ha experimentado un crecimiento sostenido e importante de la matr\u00edcula en educaci\u00f3n media (De Armas, 2018), las trayectorias educativas de adolescentes y j\u00f3venes se truncan especialmente a lo largo del recorrido por dicho nivel, y en menor medida al finalizar el nivel primario (Filardo, 2010).<\/p>\n<p>Una trayectoria esperada para el sistema educativo uruguayo determina que entre 16 y 18 a\u00f1os, las personas deben estar realizando educaci\u00f3n media superior. Sin embargo, adolescentes y j\u00f3venes que participan de ambos proyectos, en su gran mayor\u00eda no responden a tal expectativa: un porcentaje importante se encuentra desafiliado y otro tanto cursa con importantes niveles de rezago escolar. Ante este escenario, la educaci\u00f3n social necesariamente debe orientar sus pr\u00e1cticas hacia la creaci\u00f3n de posibilidades de acceso y sostenimiento de trayectorias en el sistema educativo, tendiendo a que adolescentes y j\u00f3venes finalicen la educaci\u00f3n media.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img style=\"text-align: start;\" src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/diplor.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<h6><small>(<a href=\"https:\/\/www.inau.gub.uy\/adolescencia\/orientacion-e-insercion-laboral\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Imagen<\/a>)<\/small><\/h6>\n<p>Adem\u00e1s de ser un derecho consagrado y de los posibles efectos que genera en t\u00e9rminos de aprendizajes y trayectorias futuras, la inclusi\u00f3n en el sistema educativo permite que adolescentes y j\u00f3venes tengan otras oportunidades de socializaci\u00f3n. Y son \u00e9stas mismas experiencias las que favorecen o dificultan integraciones futuras a los espacios laborales. Por ello tambi\u00e9n, en la adolescencia y en la juventud, es primordial que la educaci\u00f3n social oriente sus pr\u00e1cticas hacia el desarrollo de competencias b\u00e1sicas para el empleo, as\u00ed como a la promoci\u00f3n y el acompa\u00f1amiento de primeras inserciones laborales.<\/p>\n<p>En lo que refiere a estas \u00faltimas, la Ley de Empleo Juvenil (Ley N\u00fam. 19.133) en Uruguay fomenta el trabajo decente de las personas j\u00f3venes, vinculando el empleo, la educaci\u00f3n y la formaci\u00f3n profesional. En ella, se prev\u00e9n distintas modalidades para estimular el trabajo decente: primera experiencia laboral, trabajo protegido, pr\u00e1ctica laboral para egresados y pr\u00e1ctica formativa. Para personas entorno a los 18 a\u00f1os, y en especial para aquellas cuyas trayectorias educativas no son las esperadas para su edad, o que no cuentan con ciertas competencias necesarias para la inserci\u00f3n en el mundo laboral, las modalidades de trabajo protegido o de primera experiencia son opciones imprescindibles a estimular.<\/p>\n<p>Finalmente, la educaci\u00f3n social debe ofrecerle a la adolescencia y a la juventud, otros tiempos. Tiempos de moratoria, para que cada adolescente o joven acceda a bienes culturales diversos y vaya estableciendo sus propias relaciones con la cultura. Tiempos por venir, donde algo del aprender y del hacer experiencia pueda suceder. Resulta indispensable entonces hacer que las instituciones educativas sean \u201c<em>lugares de ensayo<\/em>\u201d (Fryd y Lahore; 2018) para que adolescentes y j\u00f3venes puedan experimentar formas de ser, probando una y otra vez, relaciones consigo mismo, con los otros y con la cultura.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Adultos disponibles<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>El trabajo educativo con adolescentes y j\u00f3venes requiere de adultos disponibles. (Fryd y Lahore, 2018; Vaccotti <em>et al<\/em>, 2018). En primer lugar, un adulto disponible es aquel que practica formas de reconocimiento hacia cada adolescente o joven. Le reconoce como sujeto de derecho, desde su diferencia y alteridad, en un momento particular de su proceso de identificaci\u00f3n, e integrante de las nuevas generaciones. Son modos de construir una mirada singular sobre el otro, al que se le ofrece un lugar y a partir de lo cual devienen pr\u00e1cticas propias del educar: acogida, cuidado, ense\u00f1anza. Quienes ejercemos la educaci\u00f3n social sabemos que el reconocimiento, adem\u00e1s de ser un imperativo \u00e9tico, es condici\u00f3n indispensable para el establecimiento y la continuidad de cualquier relaci\u00f3n educativa.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/adulr.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<h6><small>(Imagen en <a href=\"https:\/\/www.flickr.com\/photos\/159643680@N04\/46631111572\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Flickr<\/a>)<\/small><\/h6>\n<p>En t\u00e9rminos pedag\u00f3gicos, un adulto disponible es alguien que realiza y mantiene una oferta educativa. Entendemos que ofrecer narrativas, ofrecer relaciones con el sistema educativo y con el mundo del trabajo, y ofrecer otros tiempos, estructuran la oferta com\u00fan que la educaci\u00f3n social tiene a cargo para adolescentes y j\u00f3venes de 16 a 18 a\u00f1os.<\/p>\n<p>La disponibilidad conlleva ciertos niveles de apuesta y de confianza. Como afirma Perla Zelmanovich (2006), la apuesta por un lado convoca a quien la realiza, en ella estamos nosotros y nuestras responsabilidades. Asimismo agrega, la apuesta se sucede cuando quien la realiza se sostiene confiado de que algo \u201c<em>bueno<\/em>\u201d pueda pasar; a\u00fan ante la incertidumbre que genera toda apuesta y la posibilidad cierta de \u201c<em>perder<\/em>\u201d (Zelmanovich, 2016). Es sobre la base de la apuesta y de la confianza que quien educa se mantiene en escena,<a title=\"\" href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\"><sup><sup>[11]<\/sup><\/sup><\/a> sabiendo que la presencia adulta es condici\u00f3n necesaria para el desarrollo de la obra, aunque seg\u00fan c\u00f3mo \u00e9sta venga sucedi\u00e9ndose pueda implicar distintos niveles de visibilidad y protagonismo.<\/p>\n<p>Hacer \u00e9nfasis en la adultez de quien educa, nos reenv\u00eda a la cuesti\u00f3n intergeneracional. La relaci\u00f3n educativa as\u00ed, es un v\u00ednculo para adolescentes y j\u00f3venes con el mundo adulto, en la cual se habilitan ciertos modos de relacionamiento y determinadas formas de ejercicio del poder.<\/p>\n<p>La confrontaci\u00f3n generacional es inherente a la relaci\u00f3n entre adolescentes y adultos. El o la adolescente, en b\u00fasqueda de mayores niveles de autonom\u00eda, transita esta etapa de la vida apoy\u00e1ndose y a la vez oponi\u00e9ndose al adulto de turno (Rodr\u00edguez y Silva, 2017). Para las adolescencias entonces, resulta necesario contar con adultos dispuestos a confrontar, aunque ello suponga para quien educa \u201c<em>dejarse incomodar<\/em>\u201d (Brignoni, 2012). Por otra parte, desde una perspectiva de las generaciones, el conflicto entre j\u00f3venes y adultos caracteriza las relaciones sociales establecidas entre ambas clases de edad, y es producto del lugar que cada una de ellas ocupa en la estructura social. En escenarios de sociedades adultoc\u00e9ntricas como las nuestras, es importante que existan adultos dispuestos a proponer relaciones m\u00e1s igualitarias y democr\u00e1ticas entre j\u00f3venes y adultos.<\/p>\n<h2><strong>Reflexiones finales<\/strong><\/h2>\n<p>El art\u00edculo problematiza las nociones de adolescencia y juventud. Mientras que el origen de la primera se vincula a la psicolog\u00eda, el de la segunda a cuestiones culturales y problemas estructurales. Or\u00edgenes y tradiciones diferentes, sumado a la posici\u00f3n que se asuma, determinan un uso indiferenciado de ambas categor\u00edas, la utilizaci\u00f3n exclusiva de alguna de ellas, o la distinci\u00f3n entre ambas clases de edad.<\/p>\n<p>Sin ser Espa\u00f1a o Uruguay la excepci\u00f3n, no existe consenso a la hora de establecer rangos etarios \u00fanicos que determinen el periodo del ciclo de vida que cada una de ellas abarca, existiendo en reiteradas oportunidades un solapamiento de edades entre adolescencia y juventud. Asimismo, la edad cronol\u00f3gica no resulta un criterio clasificador suficiente, en tanto invisibiliza la heterogeneidad de adolescencias y juventudes.<\/p>\n<p>A ello debemos agregar, la convicci\u00f3n de que es necesario considerar los discursos de lo adolescente y lo juvenil para comprender a las personas de 16 a 18 a\u00f1os, y sus condiciones. Es por todas estas razones que el texto sugiere nombrar a este sector de la poblaci\u00f3n como adolescentes y j\u00f3venes.<\/p>\n<p>El entrecruzamiento de lo adolescente y lo juvenil posibilita el reconocimiento del lugar significativo que ocupa la construcci\u00f3n identitaria para adolescentes y j\u00f3venes; el reconocimiento de \u00e9stos y \u00e9stas como actores sociales y sujetos biogr\u00e1ficos que realizan itinerarios y proyectan posibles trayectorias, el reconocimiento de que adolescentes y j\u00f3venes desarrollan expresiones y pr\u00e1cticas socioculturales propias.<\/p>\n<p>Desde una perspectiva del modelo critico de educaci\u00f3n social, y tomando como contexto profesional el campo de lo socioeducativo en Uruguay, el art\u00edculo propone pensar la relaci\u00f3n educativa con adolescentes y j\u00f3venes de 16 a 18 a\u00f1os en torno a tres premisas: adolescentes y j\u00f3venes como consumidores y productores culturales capaces de practicar su derecho a ser; una oferta de recursos culturales y sociales para que adolescentes y j\u00f3venes puedan construirse, fundada en el ofrecimiento de narrativas, de relaciones con el sistema educativo y con el mundo del trabajo, y de otros tiempos; adultos disponibles que adem\u00e1s de sostener dicha oferta, promuevan v\u00ednculos intergeneracionales de mayor igualdad.<\/p>\n<p>En nuestra vida cotidiana, de manera reiterada, lo profesional irrumpe inesperadamente. Algo de esto me pas\u00f3 al leer el libro de Michael Pollan: \u201c<em>Cocinar. Una historia natural de la transformaci\u00f3n<\/em>\u201d. En su introducci\u00f3n, Pollan se pregunta por qu\u00e9 cocinar. Apoy\u00e1ndose en el aporte de varios antrop\u00f3logos, afirma que cocinar es una actividad espec\u00edficamente humana. Y ese acto adem\u00e1s, en alg\u00fan sentido, tiene que ver con el origen de la cultura. Pero cocinar a\u00f1ade, no s\u00f3lo nos proporcion\u00f3 la comida, sino tambi\u00e9n la oportunidad de comer juntos, de compartir un determinado lugar y a una determinada hora. Es en la comida compartida seg\u00fan Pollan, donde \u201c<em>nuestros hijos aprender el arte de conversar y adquieren los h\u00e1bitos de civilizaci\u00f3n<\/em>\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/comiendo.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<h6><small>(Imagen en <a href=\"https:\/\/www.flickr.com\/photos\/superamit\/86129027\/in\/photostream\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Flickr<\/a>)<\/small><\/h6>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 educar? Se trata de una actividad propia de lo humano y su funci\u00f3n se remonta al origen de la cultura. En el acto de compartir, las nuevas generaciones se civilizan.<\/p>\n<p>Adolescentes y j\u00f3venes en tanto parte de las nuevas generaciones siempre han interpelado al mundo adulto. Kantor advierte que si bien siempre \u201c<em>los nuevos resultan extra\u00f1os para los responsables de su acogida\u201d, actualmente estos nuevos son percibidos como hostiles e incluso peligrosos. Dicha advertencia supone al decir de la autora, la consolidaci\u00f3n de un \u201cgiro de lo extra\u00f1o a lo hostil<\/em>\u201d, que tal vez m\u00e1s que hablar de los nuevos j\u00f3venes, habla de los nuevos adultos. (Kantor, 2008:16-17).<\/p>\n<p>Quienes educamos tenemos un compromiso con la cultura. Si bien estamos encargados de dirigir procesos de pasaje, traducci\u00f3n y negociaci\u00f3n, debemos habilitar mayores niveles de participaci\u00f3n y protagonismo de adolescentes y j\u00f3venes, promoviendo nuevas formas de estar juntos y de compartir lo com\u00fan.<\/p>\n<div>\n<div id=\"ftn1\">\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","palabra_clave":[1005,232,57,1004,485,1003,728,1006],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v16.7 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/eduso.net\/res\/revista\/30\/el-tema-revisiones\/supuestos-que-orientan-la-relacion-educativa-con-adolescentes-y-jovenes-de-16-a-18-anos\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Supuestos que orientan la relaci\u00f3n educativa con adolescentes y j\u00f3venes de 16 a 18 a\u00f1os - RES. 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