{"id":9127,"date":"2017-07-09T00:00:00","date_gmt":"2017-07-08T22:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/eduso.net\/res\/articulo\/el-menor-infractor-de-internamiento-terapeutico\/"},"modified":"2021-02-13T20:28:02","modified_gmt":"2021-02-13T19:28:02","slug":"el-menor-infractor-de-internamiento-terapeutico","status":"publish","type":"articulo","link":"https:\/\/eduso.net\/res\/revista\/25\/miscelanea\/el-menor-infractor-de-internamiento-terapeutico","title":{"rendered":"El menor infractor de internamiento terap\u00e9utico"},"content":{"rendered":"<h2><strong>I. CONTEXTO TE\u00d3RICO <\/strong><\/h2>\n<p>La adolescencia es una etapa compleja del desarrollo evolutivo humano, un periodo de transici\u00f3n, de adaptaci\u00f3n progresiva a la edad adulta (Castillo, 2000). Por lo tanto una etapa determinada social, biol\u00f3gica y psicol\u00f3gicamente que se caracteriza por la experimentaci\u00f3n de nuevas sensaciones, distanciamiento familiar, b\u00fasqueda de nuevas formas de vida fuera del hogar y rechazo a las figuras de autoridad (Mart\u00edn, 2000; Alegret, 2005). Por todo ello el adolescente se orienta socialmente al grupo de iguales, constituy\u00e9ndose este en su punto de referencia vital que le proporciona seguridad, reconocimiento social, as\u00ed como un marco afectivo y un medio de acci\u00f3n fuera del dominio adulto (Alegret, 2005).<\/p>\n<p>Esta etapa representa un periodo cr\u00edtico en el inicio y experimentaci\u00f3n de conductas de riesgo (Musitu, Buelga, Lila y Cava, 2004), entre las que se encuentra la conducta violenta. Andr\u00e9s (2006) entiende por violencia a la forma, modo o manera estrat\u00e9gica de enfrentarse a los problemas y conflictos sociales e interpersonales que se caracteriza por producir consecuencias da\u00f1inas y perjudiciales a terceros y\/o sus bienes y pertenencias. Para referirnos a la violencia juvenil utilizamos t\u00e9rminos similares como: delincuencia juvenil y comportamiento antisocial juvenil. Cuando hablamos de delincuencia juvenil nos referimos a una categor\u00eda legal que califica a un individuo que ha cometido una o m\u00e1s acciones sancionables definidas en el c\u00f3digo penal (Andr\u00e9s, 2006). Este individuo recibe el nombre de menor infractor, por lo tanto podemos decir que se trata de personas mayores de catorce a\u00f1os y menores de dieciocho a\u00f1os que realizan hechos tipificados como delitos o faltas en el C\u00f3digo Penal o las Leyes penales especiales. Menores que entran a formar parte del sistema de justicia penal juvenil mediante la Ley Org\u00e1nica 5\/2000, de 12 de enero, Reguladora de la Responsabilidad Penal de los Menores (en adelante, LORPM), que se aplica para exigir la responsabilidad de dichos hechos.<\/p>\n<p>Dicha Ley, de car\u00e1cter sancionador y educativo, pretende impedir todo aquello que pudiera tener un efecto contraproducente para el menor, ya que en ella prima el superior inter\u00e9s del menor, pero sin olvidar el inter\u00e9s propio del perjudicado o v\u00edctima del hecho cometido por el menor. Para ello los Jueces de Menores pueden imponer diferentes medidas judiciales y tipos de internamiento, medida privativa de libertad, seg\u00fan la restricci\u00f3n de derechos adoptando un sentido escalonado donde el ingreso en un centro se considera el \u00faltimo recurso y con mayor sentido penal (Del Campo y Panch\u00f3n, 2009).<\/p>\n<p>Entre las medidas judiciales la LORPM establece la amonestaci\u00f3n, la permanencia de fin de semana, la libertad vigilada, la asistencia a un centro de d\u00eda, la convivencia con otra persona, familia o grupo educativo, la privaci\u00f3n del permiso de conducir ciclomotores o veh\u00edculos a motor, la prestaci\u00f3n en beneficio de la comunidad, la realizaci\u00f3n de tareas socio-educativas y el tratamiento ambulatorio. Pero lo que realmente nos interesa en este trabajo son los tipos de internamientos en centros de reforma que se\u00f1ala la citada Ley, clasificados en tres reg\u00edmenes: cerrado, semiabierto y abierto. Estos internamientos responden a una mayor peligrosidad manifestada en la naturaleza peculiarmente grave de los hechos cometidos, caracterizados en los casos m\u00e1s destacados por la violencia, la intimidaci\u00f3n o el peligro para las personas. El objetivo es disponer de un ambiente que provea las condiciones educativas adecuadas para que el menor pueda reorientar aquellas disposiciones o deficiencias que han caracterizado su comportamiento antisocial. Por lo tanto se entiende por centros de reforma a aquellas instituciones orientadas espec\u00edficamente a la intervenci\u00f3n socioeducativa con menores que han infringido la ley, en las que se asumen un encargo social donde el control y la contenci\u00f3n juegan un destacado papel (Del Campo y Panch\u00f3n, 2009).<\/p>\n<p>La mayor o menor intensidad de los actos cometidos da lugar a los diversos tipos de internamiento, entre los que encontramos el internamiento de r\u00e9gimen cerrado, el internamiento de r\u00e9gimen semiabierto, el internamiento de r\u00e9gimen abierto y el internamiento terap\u00e9utico. En el internamiento de r\u00e9gimen cerrado los menores residen en el centro y desarrollan actividades formativas, educativas, laborales y de ocio. De esta manera el menor adquiere recursos de competencia social para permitir un comportamiento responsable en la comunidad, mediante una gesti\u00f3n de control en un ambiente restrictivo y progresivamente aut\u00f3nomo. En el internamiento de r\u00e9gimen semiabierto los menores residen en el centro pero realizan fuera de este las actividades formativas, educativas, laborales y de ocio. Y en el internamiento de r\u00e9gimen abierto los menores llevan a cabo todas las actividades del proyecto educativo en los servicios normalizados del entorno, residiendo en el centro como domicilio habitual.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/adolescente.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>\u00bfPero cu\u00e1l es el tipo de poblaci\u00f3n atendida en cada r\u00e9gimen? Del Campo y Panch\u00f3n (2009) destacan que la poblaci\u00f3n atendida en estos tres tipos de r\u00e9gimen es diferente, as\u00ed pues en el r\u00e9gimen abierto y semiabierto se trata de personas con un bagaje delictivo medio, cuyo grado de conflictividad es moderado. Mientras que en el r\u00e9gimen cerrado se presta atenci\u00f3n a personas con un importante bagaje delictivo o con alg\u00fan delito grave, cuyo grado de conflictividad puede estar situado entre moderado y extremo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los reg\u00edmenes anteriormente citados, la LORPM incluye un internamiento adicional, el Internamiento Terap\u00e9utico. Este hace referencia a los centros donde se realiza una atenci\u00f3n educativa especializada o un tratamiento espec\u00edfico, ya que est\u00e1 dirigido a menores que padecen anomal\u00edas o alteraciones ps\u00edquicas, un estado de dependencia de bebidas alcoh\u00f3licas, drogas t\u00f3xicas o sustancias psicotr\u00f3picas o alteraciones en la percepci\u00f3n modificando gravemente la conciencia de la realidad. Por lo tanto, son instituciones complejas, en la intersecci\u00f3n entre la cl\u00ednica infanto-juvenil y el sistema penal de menores (Fandi\u00f1o y Gude, 2013), donde se aborda una problem\u00e1tica que tiene en cuenta la realidad cl\u00ednica, judicial, familiar, acad\u00e9mica y social del menor.<\/p>\n<p>El Bolet\u00edn de estad\u00edstica b\u00e1sica de medidas impuestas a los menores infractores (datos del a\u00f1o 2010, 2011 y 2013) especifica una clara disminuci\u00f3n de la medida de internamiento (17% en total), pues en el a\u00f1o 2010 hubo 4.365 medidas notificadas, en el a\u00f1o 2011 aument\u00f3 a 4.653 y en el 2013 disminuy\u00f3 a 3.964. Asimismo se produce un cambio de tendencia en el tipo de dicha medida provocando un descenso en el internamiento de r\u00e9gimen cerrado; de 786 menores en el a\u00f1o 2010, 713 en el a\u00f1o 2011 y 613 en el 2013; en el internamiento de r\u00e9gimen semiabierto; con 3.382 menores en el a\u00f1o 2010, 3.622 en el a\u00f1o 2011 y 3.113 en el 2013; y en el r\u00e9gimen abierto; 197 en el 2010, 318 en el 2011 y 238 en el a\u00f1o 2013. En cuanto a los internamientos terap\u00e9uticos la tendencia es totalmente contraria, pues como se muestra en las estad\u00edsticas existe un aumento importante de esta medida judicial. En el a\u00f1o 2003 el 6,6% de los menores cumpl\u00eda esta medida frente al 15,5% en el a\u00f1o 2010, 17,1% en el 2011 (608 menores) y 18,8% en el a\u00f1o 2013 (660 menores).<\/p>\n<h2><strong>Evoluci\u00f3n de las tasas de las medidas impuestas entre el 2010- 2013<\/strong><\/h2>\n<p>Los j\u00f3venes usuarios de estas instituciones se caracterizan por tener una adolescencia diferente a los adolescentes \u201cconvencionales\u201d, ya que presentan un componente criminal, social y psicol\u00f3gico m\u00e1s duro (Diego, 2000; Diego y Miquel, 2009). Numerosos autores coinciden en que existe un patr\u00f3n com\u00fan de los menores infractores. As\u00ed, Garrido y Montoro (1998) afirman que los adolescentes que entran en los sistemas de justicia juvenil muestran un conjunto de circunstancias de car\u00e1cter personal, familiar y ambiental, encontr\u00e1ndose en ambientes familiares ca\u00f3ticos o multiproblem\u00e1ticos, en los que los est\u00edmulos educativos y afectivos est\u00e1n ausentes (Del Campo y Panch\u00f3n, 2009), y presentando trastornos de conducta, de atenci\u00f3n, problemas de aprendizaje, absentismo y fracaso escolar, abuso de sustancias, dificultades cognitivas y escasas habilidades sociales. Por ello, como se\u00f1ala L\u00f3pez-Latorre y Garrido (2005), se trata de j\u00f3venes con graves problemas de ajuste a su entorno, cuyo proceso de aprendizaje y socializaci\u00f3n se basa en la observaci\u00f3n (el joven es un imitador que repite lo que ve, lo que le ense\u00f1an, aprende y lo traduce o reinterpreta). Sin embargo, como indica Mart\u00edn (2000), el problema radica en que su modelo se encuentra a su vez en conflicto (crisis familiares, desigualdad social y econ\u00f3mica, cultura de la violencia, etc.)<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Evoluci\u00f3n de las tasas de las medidas impuestas entre el 2010- 2013<\/p>\n<table border=\"1\" cellspacing=\"0\" cellpadding=\"5\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 250px;\">\u00a0<\/td>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 66px;\">\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>2010<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>2011<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>2012<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>2013<\/strong><\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 250px;\">\n<p>Total de internamientos<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 66px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">120,9<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">130,7<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">116,8<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">112,7<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 250px;\">\n<p>Internamientos en r\u00e9gimen cerrado<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 66px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">21,8<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">20<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">19,7<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">17,4<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 250px;\">\n<p>Internamientos en r\u00e9gimen semiabierto<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 66px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">93,7<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">102<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">89,7<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">88,5<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 250px;\">\n<p>Internamientos en r\u00e9gimen abierto<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 66px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">5,5<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">9<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">7,4<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">6,8<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"background-color: #c1f3a0; width: 250px;\">\n<p>Internamientos terap\u00e9utico<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 66px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">15,5<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">17<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">17,3<\/p>\n<\/td>\n<td style=\"background-color: #ebf9e2; width: 76px;\">\n<p style=\"text-align: center;\">18,8<\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<h5 style=\"text-align: center;\"><small>Tasas por cada 100.00 menores (Datos del Bolet\u00edn estad\u00edstico de medidas impuestas a los menores infractores (2014). Bolet\u00edn n\u00famero 13. Datos 2013)<\/small><\/h5>\n<p>L\u00f3pez, Carpintero, Del Campo, L\u00e1zaro y Soriano (2011) caracterizan a los menores infractores mediante una clasificaci\u00f3n de dimensiones: 1. Variables de personalidad, 2. Variables cognitivas, 3. Variables afectivas, 4. Habilidades, 5. Relaciones interpersonales y 6. Entorno escolar. En cuanto a las variables de personalidad, centran la atenci\u00f3n fundamentalmente en la autoestima y en el locus de control, destacando que los menores que presentan baja autoestima tienden a sentirse mal consigo mismos y con los dem\u00e1s, manifestando dificultades en las relaciones sociales pues en ocasiones no se consideran dignos de ser queridos, respetados y valorados. Suelen sentirse amenazados, frustrados y susceptibles a las influencias de los dem\u00e1s, lo que les puede llevar a tener conductas violentas con mayor frecuencia. Asimismo, aquellos que presentan locus de control externo tienden a pensar que no pueden alcanzar su bienestar ni el de los dem\u00e1s, sino que depende de factores que est\u00e1n fuera de su alcance, como el destino, el azar o la suerte. Entre las variables cognitivas destacan el desconocimiento y las creencias err\u00f3neas sobre la violencia y sus consecuencias, el empleo de las distorsiones cognitivas para eludir la propia responsabilidad o poseer contravalores como distintas formas de intolerancia (sexismo, homofobia, rechazo a la diversidad sexual, racismo o xenofobia), que implican creer en la superioridad de unos colectivos sobre otros. Con respecto a las variables afectivas, presentan importantes dificultades para controlar sus emociones negativas, especialmente la ira y el enfado. Casi siempre muestran una falta de empat\u00eda con la v\u00edctima, sin entender hasta qu\u00e9 punto la agresi\u00f3n la hace sufrir y sin verse afectados emocionalmente por ello. Conjuntamente, presentan otras carencias en habilidades sociales como las dificultades para resolver los conflictos y para comunicarse eficazmente. Por otro lado, el entorno (familia, iguales, barrio y medios de comunicaci\u00f3n) es un factor de riesgo que favorece los comportamientos violentos.<\/p>\n<p>Por lo que respecta a la familia, L\u00f3pez-Latorre y Garrido (2005) afirman que esta tiene una funci\u00f3n normativa (transmisi\u00f3n de reglas y valores) y otra de relaci\u00f3n (facilitando el aprendizaje normativo y el compromiso con los miembros de la sociedad) por lo que las conductas violentas son principalmente conductas aprendidas en el seno familiar. Este aprendizaje puede ser positivo o negativo dependiendo de las pautas educativas que utilicen los padres y madres. Como influencias negativas podemos destacar la ense\u00f1anza explicita de la violencia, como forma de relaci\u00f3n y de comunicaci\u00f3n, y la tolerancia de la conducta violenta en todos los contextos.<\/p>\n<p>La influencia del grupo de iguales es decisiva, puesto que, las conductas m\u00e1s significativas a estas edades se realizan en compa\u00f1\u00eda del grupo de los iguales, y son compartidas y comentadas por ellos, buscando su apoyo y complicidad, es decir, sirven como modelo de comportamiento (Wicks-Nelson e Israel, 2000). Seg\u00fan L\u00f3pez et al. (2011) el comportamiento de un adolescente puede ser anunciado por las caracter\u00edsticas de su grupo de iguales, llegando a ser un factor de riesgo tener amistades que asumen la violencia como algo normalizado o como un medio de poder y prestigio, o estar aislado socialmente, lo que tambi\u00e9n es un factor de riesgo para ser v\u00edctima de violencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/adolescente%204.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Finalmente, la escuela se asocia de forma destacada con la manifestaci\u00f3n de conductas violentas en esta etapa, debido a la exclusi\u00f3n y marginaci\u00f3n social que pueden vivir algunos adolescentes. El paso de la educaci\u00f3n primaria a la educaci\u00f3n secundaria supone un cambio trascendental en la adolescencia, por lo que el instituto pasa a jugar un papel importante en su educaci\u00f3n. Los problemas de rendimiento acad\u00e9mico empiezan a aflorar, y los menores se sienten poco motivados por las tareas escolares, lo que puede derivar en absentismo escolar y fracaso escolar, que constituye uno de los factores de riesgo para el abuso de sustancias, las conductas violentas o el vandalismo. En este sentido tambi\u00e9n es importante destacar el ambiente escolar (medidas disciplinarias, condiciones del aula y del mobiliario, atenci\u00f3n del maestro a los problemas del alumnado\u2026), pues ha sido otro factor analizado que puede contribuir e incrementar el riesgo de la conducta antisocial (L\u00f3pez-Latorre y Garrido, 2005).<\/p>\n<p>Como se mencionaba anteriormente otra caracter\u00edstica de estos menores es el consumo de sustancias, ambas actividades, delincuencia y consumo, suponen un enfrentamiento con las normas y leyes sociales ya que se pueden incluir en el marco de las conductas socialmente desviadas (Garrido, 2004). Contreras, Molina y Cano (2012), Jim\u00e9nez y Rosser, (2013) y diferentes investigaciones se\u00f1alan que existen ciertas caracter\u00edsticas psicosociales relacionadas con el consumo de drogas y la conducta delictiva como impulsividad, autocontrol, estilo atribucional, asertividad, locus de control externo y baja tolerancia a la frustraci\u00f3n. Asimismo este consumo se ve influido por el contexto en el que se desenvuelven los menores (Jim\u00e9nez y Rosser, 2013), por eso otra variable ampliamente investigada es la relaci\u00f3n con el grupo de iguales, que act\u00faa como principal agente de influencia ejerciendo como modelo y por lo tanto juega un papel central tanto en el consumo de drogas como en el desarrollo de conductas delictivas (Fishbein y P\u00e9rez, 2000, citado por Contreras et al., 2012).<\/p>\n<p>Esteban, D\u00edaz, Ga\u00f1an, Garc\u00eda, Gordon y Varela, (2002-2003) realizaron un informe en el que analizaron el consumo de sustancias de menores internos en centros de reforma a nivel estatal y sus resultados indicaron que la sustancia m\u00e1s consumida en todas las comunidades aut\u00f3nomas es el cannabis (97,6%), seguida de la coca\u00edna (72,1%), a excepci\u00f3n de Castilla y La Mancha y el Pa\u00eds Vasco donde la segunda sustancia m\u00e1s consumida es el alcohol. Asimismo, Caro y Carre\u00f1o (2012) realizaron una investigaci\u00f3n sobre el consumo de drogas de los menores infractores internos en el centro \u201cLa Monta\u00f1eta\u201d (Las Palmas de Gran Canaria) y sus resultados mostraron que 73% de los j\u00f3venes son consumidores de sustancias psicoactivas, siendo la m\u00e1s consumida el cannabis y sus derivados (96% del consumo de drogas) y con una percepci\u00f3n poco da\u00f1ina de la misma. Adem\u00e1s detectaron que el consumo m\u00e1s habitual de esta poblaci\u00f3n son las drogas con efectos depresores sobre el sistema nervioso (cannabis, benzodiacepinas). Una investigaci\u00f3n llevada a cabo en el a\u00f1o 2013 en un centro de atenci\u00f3n espec\u00edfica con car\u00e1cter terap\u00e9utico de la comunidad de Galicia, C.A.E. Montefiz, obtuvo resultados similares en cuanto al patr\u00f3n de consumo de los menores internos, afirmando que las sustancias m\u00e1s consumidas por los j\u00f3venes eran el tabaco (57,9% consumo diario), el alcohol (73,7% consumi\u00f3 durante el \u00faltimo a\u00f1o) y el cannabis (94,7% ha consumido durante los \u00faltimos doce meses), seguidas por el consumo de coca\u00edna en polvo e hipnosedantes bajo supervisi\u00f3n m\u00e9dica, pero podemos decir que este \u00faltimo consumo es algo \u201cnormal\u201d en dicha poblaci\u00f3n puesto que se trata de menores internos en un centro terap\u00e9utico y que por lo tanto presentan disfunciones ps\u00edquicas y reciben un tratamiento farmacol\u00f3gico (Bosc\u00e0, 2013).<\/p>\n<p>Sin embargo el estudio realizado por Contreras et al., (2012) afirma que lo m\u00e1s habitual es el policonsumo (32,2%) seguido del consumo conjunto del tabaco y el alcohol (23,9%). Lo que s\u00ed parece evidente es que es mayor el porcentaje de los menores infractores que consumen alg\u00fan tipo de sustancia frente a aquellos que no son consumidores (Contreras et al., 2012).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/adolescente%205.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Estas caracter\u00edsticas se\u00f1aladas anteriormente forman parte del perfil com\u00fan de los menores infractores, pero \u00bfqu\u00e9 es lo que realmente diferencia al joven interno en un centro de reforma ordinario de otro joven de internamiento terap\u00e9utico?<\/p>\n<p>Como indica la LORPM el internamiento terap\u00e9utico es un recurso destinado a una atenci\u00f3n educativa especializada para aquellos menores que presenten alteraciones ps\u00edquicas, dependencia de sustancias o alteraciones en la percepci\u00f3n de la realidad.<\/p>\n<p>Men\u00e9ndez (2006) indica que los trastornos m\u00e1s comunes asociados al comportamiento violento de los menores infractores son: a) Trastorno De Atenci\u00f3n e Hiperactividad de tipo combinado (TDAH); b) Trastorno Negativista Desafiante; c) Trastorno Disocial; y d) Trastornos depresivos y de ansiedad.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Manual de los Trastornos Mentales (DSM-V) de la Asociaci\u00f3n Americana de Psiquiatr\u00eda (2015) el trastorno por d\u00e9ficit de atenci\u00f3n con hiperactividad presenta como caracter\u00edstica esencial el patr\u00f3n persistente de desatenci\u00f3n y\/o hiperactividad-impulsividad. Por ello los sujetos diagnosticados pueden no seguir instrucciones ni \u00f3rdenes ni normas, distraerse ante est\u00edmulos externos, manifestarse inquietos e impacientes, tener dificultades para dedicarse a ciertas actividades, etc. En relaci\u00f3n a situaciones sociales, muestran d\u00e9ficits de atenci\u00f3n que pueden expresarse mediante cambios frecuentes en la conversaci\u00f3n, habla excesiva, no escuchar a los dem\u00e1s, dificultad para esperar su turno o no seguir los detalles\/normas de juegos o actividades.<\/p>\n<p>En cuanto el trastorno negativista desafiante y el trastorno disocial, el DSM-V los incluye dentro de la nueva clasificaci\u00f3n de los trastornos destructivos, del control de los impulsos y de la conducta. Define el primero como un patr\u00f3n de enfado\/irritabilidad, discusiones\/actitud desafiante o vengativa que se lleva a cabo durante la interacci\u00f3n, por lo menos, con un individuo que no sea un hermano. Entendiendo el enfado\/irritabilidad como perder la calma a menudo, molestarse con facilidad y estar enfadado y resentido. As\u00ed mismo entiende las discusiones\/actitudes desafiantes como discutir a menudo con la autoridad o con los adultos, desafiar activamente, molestar deliberadamente y culpar por sus errores o su mal comportamiento a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>El trastorno disocial se recoge en este nuevo manual como trastorno de conducta, caracterizado por un patr\u00f3n repetitivo y persistente en el que no se respetan los derechos b\u00e1sicos de otros ni las normas o reglas sociales propias de la edad. Dicho patr\u00f3n se manifiesta por la presencia de tres de los quince criterios agrupados en las categor\u00edas de agresi\u00f3n a personas o animales, destrucci\u00f3n de la propiedad, enga\u00f1o o robo e incumplimiento grave de las normas. Estos sujetos suelen iniciar comportamientos agresivos y reaccionar agresivamente ante otros, pudiendo desarrollar conductas amenazadoras o intimidatorias y utilizar armas que puedan provocar da\u00f1os graves (bate, ladrillo, botella rota, navaja, pistola, etc.). La destrucci\u00f3n de la propiedad de otras personas, los fraudes o robos (violentar la casa o el autom\u00f3vil de otra persona) son tambi\u00e9n un hecho caracter\u00edstico, y a menudo mienten o rompen promesas con el fin de obtener bienes, favores o evitar deudas u obligaciones. Incurren tambi\u00e9n en violaciones graves de las normas (como permanecer fuera de casa en horas nocturnas a pesar de las prohibiciones de sus padres, fugarse de casa durante la noche, hacer novillos en la escuela, etc.).<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n a los trastornos depresivos se realiza una clasificaci\u00f3n que recoge ocho grupos: 1. Trastorno de desregulaci\u00f3n destructiva del estado de \u00e1nimo, 2. Trastorno de depresi\u00f3n mayor, 3. Trastorno depresivo persistente (distimia), 4. Trastorno disf\u00f3rico premenstrual, 5. Trastorno depresivo inducido por una sustancia o medicamento, 6. Trastorno depresivo debido a otra afecci\u00f3n m\u00e9dica, 7. Otro trastorno depresivo especificado y 8. Otro trastorno depresivo no especificado. Todos ellos se caracterizan por la disminuci\u00f3n del inter\u00e9s o placer por todas o casi todas las actividades diarias, afectando a la alimentaci\u00f3n, el sue\u00f1o o la capacidad de concentraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/adolescente 3.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Al hablar de trastornos de ansiedad es necesario detenerse en todas sus tipolog\u00edas: trastorno de ansiedad por separaci\u00f3n, mutismo selectivo, fobia espec\u00edfica, trastorno de ansiedad social (fobia social), trastorno de p\u00e1nico, agorafobia, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad inducido por sustancias o medicamentos, trastorno de ansiedad debido a otra afecci\u00f3n m\u00e9dica, trastorno de ansiedad especificado y trastorno de ansiedad no especificado. El trastorno de ansiedad por separaci\u00f3n es el miedo o ansiedad excesiva e inapropiada debido a la separaci\u00f3n de aquellas personas por las que siente apego. Dicha separaci\u00f3n causa un malestar cl\u00ednicamente significativo en el \u00e1mbito social, acad\u00e9mico, laboral o en otras \u00e1reas importantes del funcionamiento. El mutismo selectivo se define como el fracaso constante de hablar en situaciones sociales espec\u00edficas, sin que se pueda atribuir a la falta de conocimiento ni a un trastorno de comunicaci\u00f3n, trastorno de espectro autista, esquizofrenia u otro trastorno psic\u00f3tico. La fobia espec\u00edfica se caracteriza por el miedo o la ansiedad intensa hacia un objeto o situaci\u00f3n espec\u00edfica mientras que en el trastorno de ansiedad social (fobia social) ese miedo o ansiedad va dirigido a una o m\u00e1s situaciones sociales en las que el individuo est\u00e1 expuesto al posible examen por parte de otras personas. El trastorno de p\u00e1nico, como su propio nombre indica, hace referencia a los ataques de p\u00e1nico imprevistos recurrentes. La agorafobia se caracteriza por la aparici\u00f3n de ansiedad o comportamiento de evitaci\u00f3n en lugares o situaciones donde escapar puede resultar dif\u00edcil o donde no disponer de ayuda si aparecen s\u00edntomas tipo p\u00e1nico u otros s\u00edntomas incapacitantes o embarazosos. El trastorno de ansiedad generalizada caracterizado por la presencia de ansiedad y preocupaciones excesivas y persistentes (anticipaci\u00f3n aprensiva) que resultan dif\u00edciles de controlar para el individuo que lo padece. El trastorno de ansiedad inducido por sustancias o medicamentos son ataques de p\u00e1nico o ansiedad que se consideran secundarios a los efectos fisiol\u00f3gicos directos del consumo o la abstinencia de drogas, f\u00e1rmacos o t\u00f3xicos. Al igual que el anterior, el trastorno de ansiedad debido a otra afecci\u00f3n m\u00e9dica son s\u00edntomas de ansiedad secundarios a los efectos fisiol\u00f3gicos directos de una enfermedad subyacente. Y los trastornos de ansiedad especificado y no especificado presentan s\u00edntomas caracter\u00edsticos de un trastorno de ansiedad pero no cumplen todos los criterios de ninguno de los trastornos de la categor\u00eda diagnostica.<\/p>\n<p>El informe Mental Health Needs of Juvenile Offenders (2007) recogido por la National Conference of State Legislatures afirma que el 70% de los j\u00f3venes pertenecientes al sistema de justicia juvenil de los Estados Unidos presenta un trastorno mental grave, siendo el diagn\u00f3stico m\u00e1s com\u00fan el abuso de sustancias junto con otra enfermedad mental. El centro de servicios de salud mental estima que uno de cada ocho adolescentes se ve afectado por un trastorno depresivo, aunque los trastornos de ansiedad tambi\u00e9n son frecuentes entre los delincuentes juveniles, particularmente en el g\u00e9nero femenino. Al contrario ocurre con el trastorno por d\u00e9ficit de hiperactividad y los trastornos de conductas disruptivas pues se ven afectados dos o tres veces m\u00e1s los chicos que las chicas, con una prevalencia del comportamiento disruptivo en el sistema entre el 30% y el 50%. Sin embargo los trastornos psic\u00f3ticos son poco frecuentes en el sistema de justicia juvenil estadounidense.<\/p>\n<h2><strong>II. DISCUSI\u00d3N y CONCLUSI\u00d3N.<\/strong><\/h2>\n<p>A pesar de la falta de documentaci\u00f3n existente, la dificultad para acceder a los datos reales de la delincuencia juvenil, m\u00e1s en concreto de la medida de internamiento terap\u00e9utico, y de los datos mencionados anteriormente por el Bolet\u00edn de estad\u00edstica b\u00e1sica de medidas impuestas a los menores infractores (datos del a\u00f1o 2010, 2011 y 2013) se conoce el importante aumento de los internamientos terap\u00e9uticos, aunque se trata de un recurso insuficiente pues no todas las comunidades aut\u00f3nomas disponen de \u00e9l y son numerosos los casos que se destinan a otras comunidades que si los tienen, alejando a los menores de su entorno. Esta escasez supone un problema real en nuestra sociedad pues cada vez son m\u00e1s los j\u00f3venes que durante su internamiento precisan de un contexto estructurado en el que poder participar en programas terap\u00e9uticos espec\u00edficos, para desintoxicarse por el consumo de sustancias psicotr\u00f3picas y\/o por padecer alguna enfermedad mental. Dada la carencia de recursos espec\u00edficos, los centros tratan de suplir estas lagunas mediante la contrataci\u00f3n de profesionales de la psiquiatr\u00eda, quienes acuden durante algunas horas al centro, o firmando convenios con asociaciones que imparten programas de educaci\u00f3n e intervenci\u00f3n espec\u00edfica. En ambos casos estas actuaciones no son suficientes, ya que los programas de salud mental requieren m\u00e1s horas de tratamiento y los programas para salir de la adici\u00f3n a las drogas llevados a cabo por las asociaciones imponen como condici\u00f3n impartirlos en un medio abierto, impidiendo la participaci\u00f3n de los menores internos en r\u00e9gimen cerrado (Ortiz, 2004).<\/p>\n<p>Por todo lo mencionado anteriormente debemos tener en cuenta que estamos ante un colectivo que presenta unas caracter\u00edsticas particulares y por lo tanto precisa de una formaci\u00f3n integradora que atienda a su desarrollo cognitivo y afectivo mediante una intervenci\u00f3n psicosocioeducativa de calidad.<\/p>\n<p>L\u00f3pez, Carpintero, Del Campo, L\u00e1zaro y Soriano (2011) afirman que cualquier intervenci\u00f3n sobre la problem\u00e1tica del delito deber\u00e1 tener siempre en cuenta que los menores deben ser ayudados para que tomen conciencia de la gravedad de su conducta, de sus errores y de los efectos que estos tienen sobre ellos mismos y sobre los dem\u00e1s. Por lo tanto ha de ser una ayuda rehabilitadora que propicie el cambio, para que no hagan da\u00f1o a los dem\u00e1s ni se autodestruyan, y que consiga la aceptaci\u00f3n de los valores y las normas sociales.<\/p>\n<p>El objetivo de la intervenci\u00f3n debe ser ayudar al menor a superar sus dificultades personales, as\u00ed como poder recuperar los recursos de relaci\u00f3n consigo mismo y con la comunidad (Diego y Miquel, 2009). Por ello, no ha de ser una intervenci\u00f3n r\u00edgida que se centre exclusivamente en el plano individual de los j\u00f3venes, sino un proceso que aborde medidas en todos los agentes socializadores que forman parte de este colectivo (Bueno y Moya, 1998). Para poder incidir en la realidad social e intentar modificarla, es preciso una coherencia entre la realidad del contexto socioecon\u00f3mico y cultural de cada entorno y las caracter\u00edsticas individuales de cada menor. Esto se ver\u00e1 facilitado mediante un car\u00e1cter abierto y flexible, ya que ayudar\u00e1 a dar respuesta a la diversidad de necesidades, intereses y motivaciones del sujeto y del contexto sobre el que se debe realizar la actuaci\u00f3n (Diego y Miquel, 2009).<\/p>\n<p>\u00a0Por lo tanto, esta intervenci\u00f3n de car\u00e1cter psicosocial y comunitaria, debe trabajar el plano escolar o laboral, la manera de gestionar el ocio y tiempo libre, las pautas de relaci\u00f3n social y de convivencia, etc., con el fin de ofrecer a los j\u00f3venes modelos sanos de identificaci\u00f3n y aprendizaje (Bueno y Moya, 1998). As\u00ed mismo, debe abordar las problem\u00e1ticas individuales mediante programas de deshabituaci\u00f3n de consumo de drogas, programas de adquisici\u00f3n de h\u00e1bitos saludables y programas de habilidades sociales, teniendo en cuenta la situaci\u00f3n real del colectivo. La finalidad de estos programas e intervenciones debe ser que estos j\u00f3venes tomen rienda de su propia vida de una manera responsable mediante experiencias valiosas y positivas que los reintegre en la sociedad como ciudadanos libres, formados, responsables y comprometidos (Gra\u00f1a y Rodr\u00edguez, 2010).<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img src=\"\/res\/wp-content\/uploads\/imgCK\/images\/adolescente 6.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>Por otro lado y por ello no menos importante, como ya mencionaba anteriormente, la familia juega un papel importante en la problem\u00e1tica del delito de los j\u00f3venes, y muchos estudiosos sobre la delincuencia han considerado el \u00e1mbito familiar como la pieza clave para entender las actitudes y conductas antisociales (Romero, Luengo y G\u00f3mez-Fraguela, 2000).<\/p>\n<p>La familia es una micro sociedad de aprendizaje de los valores de interrelaci\u00f3n social que va a marcar las pautas de conducta a utilizar cuando el joven se vea inmerso en la sociedad en general (Urra, 2011).<\/p>\n<p>Los padres de hoy en d\u00eda viven en una continua tensi\u00f3n, compaginando su vida laboral con su vida personal, y conviven con multitud de factores que dificultan su funci\u00f3n educativa (falta de tiempo, adecuaci\u00f3n de horarios, reciclaje profesional, complicadas relaciones conyugales, etc.), por lo que en numerosas ocasiones sienten que cada vez es m\u00e1s dif\u00edcil que sus mensajes lleguen a sus hijos (Urra, 2011).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de estas dificultades, el tipo de disciplina familiar y los estilos parentales son variables con una fuerte relaci\u00f3n a la conducta delictiva de los j\u00f3venes (Musitu et al., 2004). Diversos trabajos, como los de Compton, Snyder, Schrempferman, Bank y Shortt (2003), citado en Jim\u00e9nez y Rosser (2013), afirman que el estilo autoritario, caracterizado por ser un modelo con normas r\u00edgidas que favorece las medidas del castigo y no recurre al refuerzo ni al di\u00e1logo, aumenta el riesgo de conducta antisocial en los menores. Sin embargo, Bravo, Sierra y Del Valle (2009), citado en Jim\u00e9nez y Rosser (2013), apuntan que el estilo educativo muy permisivo, caracterizado por la evitaci\u00f3n del uso del control, es decir, flexibilidad ante el establecimiento de normas y reglas, es el m\u00e1s habitual en los menores infractores. Urra (2011) coincide en que la excesiva permisividad y la escasa presencia de los padres en el hogar juegan a favor del ego infantil, adquiriendo el menor una posici\u00f3n central y convirti\u00e9ndose en el d\u00e9spota de la casa, aquel que quiere imponer sus horarios y sus gustos, decidir las actividades o salidas y vacaciones familiares.<\/p>\n<p>Esto muestra que es importante aportar al \u00e1mbito familiar estrategias educativas que den respuesta a sus dificultades, as\u00ed como ense\u00f1arles la necesidad de educar; con amor, humor y respeto; en la comprensi\u00f3n emp\u00e1tica y en el razonamiento, transmitiendo confianza, seguridad, responsabilidad, motivaci\u00f3n y est\u00edmulo a sus hijos, y dando libertad dentro de unos l\u00edmites razonados (Urra, 2011).<\/p>\n<p>\u00a0Por ello, es necesario que los programas destinados a esta poblaci\u00f3n aborden el sistema familiar o la red afectiva de apoyo (Milena y Sierra, 2010; Sorando y Ni\u00f1o, 2013), dado que la familia cumple un papel protector y educador fundamental que sirve como pieza clave en los procesos de cambio personal y adaptaci\u00f3n a nuevos estilos de vida. Y, como ya matiz\u00f3 Linares (2012), es esencial dar poder a los miembros familiares para que estos puedan desempe\u00f1ar sus funciones educativas y no dejen los roles a cargo de figuras ajenas.<\/p>\n<p>En consecuencia, para que una intervenci\u00f3n psicosocioeducativa sea de calidad debe ser una atenci\u00f3n individualizada, encaminada a la integraci\u00f3n de los j\u00f3venes en la sociedad, incidiendo en la familia y utilizando los recursos del entorno social, en estrecha coordinaci\u00f3n con las diferentes instituciones, entidades y profesionales de la zona (Diego y Miquel, 2009). Por ello, ante este colectivo debemos trabajar las dificultades del menor y de su contexto socializador, sin dejar caer toda la intervenci\u00f3n sobre las espaldas de los j\u00f3venes.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","palabra_clave":[623,622,624,539],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v16.7 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/eduso.net\/res\/revista\/25\/miscelanea\/el-menor-infractor-de-internamiento-terapeutico\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El menor infractor de internamiento terap\u00e9utico - RES. Revista de Educaci\u00f3n Social\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"I. 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