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Hacia una nueva visión del educador social en las residencias de personas mayores

Autoría:

Núria Sans y Anna Figuerola. Educadoras sociales. Miembros del Grupo de Trabajo de Personas Mayores del Col·legi d’Educadores i Educadors Socials de Catalunya de Lleida.

Resumen

Después de unos cuantos años en los que la figura del educador social se ha ido introduciendo en las residencias de personas mayores, hemos querido hacer una reflexión sobre el punto en el que nos encontramos en cuanto a reconocimiento profesional y laboral se refiere, basándonos en nuestra experiencia en este campo.

“Entender la profesión”

Dentro de una misma residencia, sin ir más lejos, preguntando a las personas que viven en ella qué hace el educador social en el centro, podrían surgir respuestas diversas, muchas de las cuales evidenciarían el desconocimiento o la incomprensión en referencia a nuestro trabajo, por ejemplo:

  • ¿Quién es éste o ésta?.
  • Nos distrae.
  • Nos enseña cosas. 
  • Nos dice lo que tenemos que hacer.
  • Nos hace trabajar…

Lamentablemente, estas respuestas, o similares, también las podríamos obtener de algunos compañeros de trabajo que siguen teniendo la idea que el educador social continúa cumpliendo la función de las figuras profesionales que realizaban talleres o actividades puntuales a los residentes con el objetivo de “entretenerles”.

MiradaReflexionando sobre este punto, creemos que haría falta trabajar en los prejuicios y expectativas en referencia a la figura del educador social en este ámbito, de manera individual (lo que algunos profesionales ya están haciendo) pero también colectiva, es decir, potenciando desde los organismos como los colegios profesionales el conocimiento de QUIÉN es y CÓMO actúa un educador social en una residencia de personas mayores.

Tareas y funciones. ¿Quién hace qué?

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A diferencia de otros ámbitos, el educador social que trabaja en residencias de personas mayores ha de coordinarse con otros profesionales: auxiliares de geriatría, médicos, enfermeros, fisioterapeutas, trabajadores sociales, psicólogos y terapeutas ocupacionales… En los últimos tiempos, en que se han introducido las dos figuras mencionadas en último lugar, los debates sobre qué funciones tiene cada profesional están presentes en muchas situaciones, ya que tanto el terapeuta como el psicólogo y el educador social comparten objetivos y también algunas metodologías. Por consiguiente, en el momento en que se han de distribuir tareas, surge el conflicto o la duda de quién está más capacitado para hacerlo. Por ejemplo, no es extraño que en una residencia la psicóloga haga los talleres de memoria, en otra los realice el educador y, en otra, el terapeuta ocupacional. Por otro lado, parece que los educadores sociales no estamos capacitados para intervenir individualmente cuando se trata de un problema emocional; de relación con la familia, con los compañeros… sino que únicamente lo podemos hacer cuando se trata de un problema relacionado con la falta de motivación por hacer algo. Además, las tareas individuales pasan a segundo término, teniendo en cuenta que el educador dedica la mayor parte del tiempo de la jornada laboral a planificar y, sobre todo, a implementar intervenciones grupales.

En este sentido creemos que sería bueno poner las cartas sobre la mesa y llegar a un consenso sobre cómo evitar conflictos como los que apuntábamos anteriormente. En cuanto al tema ya citado, creemos que se trata de un trabajo que se ha de hacer en el ámbito de colectivos y no únicamente dentro de cada centro.

La esencia del educador social

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Analizando nuestra experiencia, la observación del día a día, de la manera de trabajar de cada uno de los profesionales, creemos que si el educador tiene un rasgo característico, en su manera de trabajar, es precisamente la capacidad de implicar a las personas en objetivos comunes, utilizar y potenciar las relaciones como motor de crecimiento personal, grupal y comunitario a través de la educación, que no de la enseñanza, consiguiendo que las personas sean agentes activos de su propio cambio.

Por este motivo pensamos que las actividades son necesarias, pero siempre como herramienta para conseguir los objetivos marcados y nunca como finalidad. Por lo tanto, no se trata de hacer actividades por hacer, sino que hay que plantearlas seria y conjuntamente con las personas destinatarias si queremos que tengan un sentido y realmente ayuden a alcanzar los objetivos marcados. Por ejemplo, si a partir de la lectura del periódico surge la idea de hacer, en motivo del día Mundial del Alzheimer, una obra de teatro basada en esta enfermedad, todas las actividades del centro se podrían relacionar para conseguir el objetivo propuesto: así, a la hora de las manualidades se prepararían los decorados y el vestuario; se redactaría un artículo para hacer difusión en la revista del centro; se destinarían unas horas a hacer los ensayos y la lectura de los guiones, se podrían hacer sesiones informativas sobre la enfermedad del Alzheimer, etc.

¿Interdisciplinariedad?

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En cuanto al trabajo del educador social en coordinación con los demás profesionales ya citados, no sólo es importante distribuir funciones, sino también establecer una verdadera cultura de trabajo en equipo que vaya más allá de la realización de reuniones y haciendo que lo que se hable en estas reuniones se palpe en el día a día y, así, evitar situaciones como, por ejemplo, que un residente esté haciendo una actividad muy importante para él y que le vengan a buscar porque se ha de duchar o porque el médico ha llegado en aquel momento y le ha de visitar, porque se tiene que pesar, etc. Cuando, en cambio, nunca ocurre que el educador social entre en la consulta del médico y se lleve a un residente porque a esa hora habían quedado para elegir un libro de la biblioteca. En este sentido, pensamos que es muy importante que todas las intervenciones se consideren igual de importantes.

Otro tema muy grave, según nuestra opinión, es que el educador social algunas veces (no todas) no tenga la libertad de acceder al historial clínico para saber si la persona con la que está interviniendo tiene diagnosticada una enfermedad, para corroborar verbalizaciones de los mismos residentes en referencia a su salud… Por otro lado, tampoco los otros profesionales se interesan en las intervenciones que está haciendo el educador, lo que ayudaría a que todos fueran a una, evitando mensaje o actitudes  contradictorios.

Sabemos que en este punto tratamos un tema delicado y difícil, que no afecta únicamente al ámbito de las personas mayores, pero pensamos que también haría falta trabajar para que la interdisciplinariedad acabe siendo, progresivamente, una manera de trabajar generalizada.

Compatiblizar la gestión organizativa con la educativa: ¿utopía o realidad?

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En este punto, queremos hacer referencia a las condiciones tanto físicas como organizativas que condicionan nuestras intervenciones. Para empezar, sería interesante saber cuántos educadores disponen de un espacio propio para llevar a cabo intervenciones que respeten la intimidad tanto de la persona con la que se está interviniendo, como la del profesional, y donde pueda guardar documentos y anotaciones, etc. Es habitual que se sitúa al educador en la sala polivalente o, con mucha suerte, en la de manualidades… En ambos casos, en estas salas se hacen actividades y todo el mundo tiene acceso a ellas. Tanto un espacio propio para el educador, como la disponibilidad de espacios para hacer intervenciones grupales, sin necesidad de acudir al comedor o a la sala de estar, son aspectos que tendrían que tenerse en cuenta desde un principio a la hora de diseñar una residencia, y que nos ayudan a ver, de manera gráfica, cómo se entiende y se valora el trabajo del educador social.

Otros aspectos importantes en la organización del centro son los que hacen referencia a la posibilidad que los residentes formen parte de ella y puedan realizar trabajos como, por ejemplo, hacerse la cama, colaborar en el mantenimiento de las instalaciones o el jardín, o hacer trabajos de refuerzo en la lavandería o el comedor. En este sentido, nos encontramos que algunos centros son más abiertos que otros, y que éste es un punto a tener en cuenta en las intervenciones del educador social para que la persona se sienta valorada gracias al trabajo que lleva a cabo, y se sienta parte de un grupo, ayudándola a reestructurar su identidad o a crearse una nueva.

Somos conscientes de que no es tan fácil cuando las personas entran en un centro con la idea preestablecida de que estarán muy bien porque “les harán todo”, ya que el modelo organizativo del centro potencia este modelo desde el principio o es reticente al hecho de que los residentes se impliquen en la realización de estas funciones por cuestiones diversas, entre las cuales estarían la imagen o el ahorro de tiempo al revisar las funciones o en el acompañamiento de los residentes cuando las llevan a cabo.

¿Unimos esfuerzos?

En referencia a todas estas intervenciones de las que estamos hablando, nos encontramos que hay muy poco material y recursos disponibles dirigidos a personas mayores y que, por tanto, los educadores sociales han adoptado dos posiciones:

  1. MiradaLa cómoda: basada en rendirse y hacer actividades que no requieran planificación previa como, por ejemplo, el famoso bingo, los juegos de cartas, el juego del ahorcado…
  2. La implicada: basada en complementar las actividades del bingo, las cartas… con otras actividades que requieren mucha planificación y elaboración previa de materiales. Este hecho supone un gran esfuerzo individual si tenemos en cuenta que la disponibilidad de tiempo para planificar, lamentablemente, aún es mínima.

En este sentido, en cuanto a la posición implicada, creemos que estamos gastando una cantidad de energía inmensa elaborando estos materiales, que se podrían compartir si se creara un espacio similar a un centro de recursos y también se marcasen unas líneas generales de actuación para evitar una generalización de la posición cómoda.

Condiciones laborales

MiradaTeniendo en cuenta las circunstancias laborales actuales de muchos trabajadores, puede parecer repetitivo que nos quejemos de las nuestras, pero creemos que los educadores sociales que trabajamos en residencias nos encontramos, sinceramente, en una situación laboral muy mejorable. Situaciones como estar contratado como animador sociocultural y hacer funciones de educador social son muy habituales, y el hecho de que la categoría de educador social sea inexistente en algunos convenios y, por tanto, según ellos, sea prescindible, no ayuda a ponerle remedio. Por otro lado, algunos de los educadores sociales que la empresa reconoce como tal a la hora de hacer el contrato se deben de situar en categorías como “titulado medio”, con la retribución inferior consecuente respecto a otros profesionales con otras diplomaturas.

Además, consideramos que las ratios establecidas se encuentran muy lejos de la posibilidad de satisfacer las necesidades reales de los centros y que puede ser que, en consecuencia, se den casos de contratos de educadores de seis horas semanales, hecho por el cual no consideremos extraña la adopción, por parte de estos profesionales, de la posición “cómoda” que apuntábamos anteriormente.

¡Traspasando fronteras!

MiradaA pesar de las condiciones que hemos ido explicando, somos conscientes de que hay experiencias socioeducativas realmente pioneras e interesantes en este ámbito, de las cuales hemos sido partícipes en muchos casos. También es cierto que para llevarlas a cabo han sido necesarias más horas de las pagadas, esfuerzos personales y, sobre todo, la idea de que aquello que queríamos hacer era posible y que nuestro trabajo era importante. Teniendo en cuenta los resultados conseguidos, nos hacemos la siguiente reflexión: ¿os imagináis como podrían ser nuestras intervenciones con unas condiciones más favorables?.

Propuestas de mejora

MiradaHaciendo honor a nuestro trabajo, creemos que, llegados a este punto, deberíamos ser agentes de nuestro propio proceso de cambio. Es decir, en primer lugar, tomando consciencia de dónde estamos y, a partir de aquí, marcándonos objetivos para ir mejorando nuestra situación y el reconocimiento de nuestra profesión. Es por ello que pensamos que deberíamos sacar más jugo de los organismos oficiales que nos representan por encima de todo, los colegios profesionales respectivos, pasando de las reflexiones individuales a las colectivas, posibles en los grupos de trabajo, y convertirlas en acciones destinadas a mejorar todos estos puntos y otros que nos podemos haber dejado.